Ministrables

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Hubo un tiempo en que lo de ser ministrable estaba muy cotizado y daba mucho que hablar, aunque al final todo dependía del Jefe de Estado, puesto que no había elecciones. Cada vez que desde arriba se provocaba una crisis de gobierno, salían a la luz listas de ministrables. Algunos alcanzaban la gloria, otros se quedaban con las ganas, todo dependía de la voluntad soberana del Caudillo. Hoy el sistema democrático permite a quien alcanza la jefatura del gobierno, una vez ratificado por las Cortes, nombrar a los miembros de su gabinete, gentes del propio partido, afines o más o menos independientes.

Sin embargo, con el panorama político actual, el tema de los ministrables vuelve a cobrar cierto protagonismo. Una de las consecuencias de las complejas negociaciones para nombrar presidente de gobierno, puede ser precisamente el reparto de algunas carteras ministeriales. En definitiva el poder es el poder y hasta los que vinieron a reventar el sistema, a falta de algo mejor, ahora se conformarían con algunos ministerios. Esa ha sido, al parecer, la petición de un determinado líder al principal candidato a presidir el próximo gobierno: colaboración a cambio de algunos ministerios. No digo que sus deseos no sean legítimos, lo que dudo es que sea conveniente. Con las cosas de comer no se juega, nadie deja las responsabilidades domésticas en manos de quien no debe asumirlas; lo mismo ocurre en otros ámbitos de la vida y mucho más en el político, donde están en juego asuntos tan importantes como la libertad y el bienestar de las personas. Ya hemos visto lo que ha pasado en algunos ayuntamientos con las famosas mareas, que al final ha sido tiempo perdido. Entregar determinados ministerios y especialmente de carácter “social”,  aunque sea por razones tácticas, a quien no debe asumirlas, sería un peligro.  Algunos creen que su inmadurez es la verdadera autenticidad, la de los niños, maravillosas criaturas a las que hay que querer y cuidar, pero siempre a la espera de que crezcan y se desarrollen como sujetos adultos, capacitados para asumir cualquier responsabilidad, cosa que puede tardar en producirse más o menos tiempo, en algunos casos por lo que parece bastante más de lo normal. Esperemos que nuestra suerte como “gobernados” no dependa de repartos de poder y de prebendas. Venir a arreglar el mundo, para acabar abriéndose paso a codazos, neutralizando cualquier disidencia y renunciando a supuestos ideales, para vivir como un burgués, no son buenas cartas de presentación. Además de honradez a un político hay que exigirle un poco de coherencia; a no ser que al final tan solo se tratara de eso, de conseguir algún que otro ministerio.

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