Gracias, Joyce

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Se afirma en los primeros compases del Ulises de Joyce: “El espejo rajado de una criada es el símbolo del arte irlandés”; frase definitiva a la hora de dibujar la profundidad de la queja. En la primera página del libro de Pedro Sánchez se habla de la sustitución del colchón de Rajoy, la imagen me lleva a pensar que tal vez el símbolo del relevo político en nuestro país sea un colchón, iba a decir, sobado, diré mejor, rajado, que aunque más turbador produce menos aversión.

Un cambio de colchoneta y un tiznajo de pintura, esa a la que también se hace referencia, es la nota que pone fúnebre música a una forma de entender la alternancia política, y lo que es más grave, la ideología. La idea parece gritarnos que al final todo se reduce a eso, a un sucio relevo de colchones y a una mano de pintura.

No voy a entrar en la idea de que un manual de supervivencia se arranque con este frívolo pasaje, y no lo voy a hacer porque no hay en él otra resistencia que el lujo de amueblar y pintar un palacio a cargo del común.

Se percibe en todo lo que huele a alta política la bajeza que arrastra, la avidez, la arrogancia, el cinismo, la falta de elegancia y el mucho descaro de unos y otros en su quehacer.

Pronto seremos llamados a las urnas para elegir, se antoja decir, jergón, pero diré presidente: el mismo que nombrará gobierno, cambiará el colchón y pintará la Moncloa para una gracia de manual, la supervivencia corre por nuestra cuenta.

Gracias, Joyce