Te conozco, mascarita

|

Dicen que este año el disfraz, la careta, de político no se vende. Ahora “mola” vestirse de alienígena, pistolero, fantasma y bombero o con uniforme a rayas, como los presos. Prohibido el disfraz de Guardia Civil, que viene el ministro de los palos y el jardinero fiel, y muy mal visto, por la autoridad, el de maestro, médico, enfermero o preferentista con pancarta incluida, nos queda el de crego o el muy socorrido de vampiro.
Pero a muchos, se pongan como se ponga, los conocemos. Claro que lo reconocemos. Ahí está el caso de don Mariano, vestido de presidente de Gobierno, al que se le reconoce enseguida por su filosofía ya pública, y publicada en un periódico de la provincia de Pontevedra, donde explicaba su concepto de la igualdad bajo la premisa de que las familias de linaje eran las elegidas, con lo que las viejas consignas de igualdad eran una manía de los bolcheviques y lo mismo pasaba con el reparto de la riqueza o el acceso a los bienes materiales. De los otros, Rouco por medio, ya nos los darían en la otra vida que en esta estaban ya repartidos.
Y reconozcamos que bastante carnavalada –y televisada en directo– se dio los días 25, 26 y 27 para continuar con las chirigotas iniciadas por algunos de esos protagonistas en plena cuaresma. ¿Recuerdan aquello de que los salarios habían subido en España? Lo de ETA y los verificadores fue una charlotada, naturalmente, pero no me negarán que el cuento de la buena pipa desde la tarima de oradores, no fue otra mascarada. Y en el Senado, de donde se marchó Granados pues tenía que ir hasta Suiza, se celebra, según este caballero, “un teatro de las apariencias” pues el único papel de sus señorías es levantar el brazo para asentir o unir las palmas para aplaudir.
En plena efervescencia carvalesca nos cuenta este diario que los españoles somos los mortales que menos confiamos en los políticos y banqueros, mientras los enfermeros y los profesores son los más valorados por los ciudadanos y que los sacerdotes y los miembros de la iglesia solo logran la confianza de veintiocho de cada cien españolitos. Estas cosas forman parte de la realidad que nos envuelve y son la prueba de la percepción del ciudadano sobre los hechos, sucesos y eventos que vemos o leemos a diario. Las más de las veces en la crónica de sucesos.
Lo dicho: te conozco mascarita, vistas como vistas.
Y no me gusta lo que veo.

Te conozco, mascarita