Vergonzoso

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Algunos están convirtiendo la tragedia de los refugiados en un espectáculo de circo. Y eso ocurre porque nadie quiere asumir ahora los errores del pasado.  Lo del barco Aquarius produce vergüenza. Pero lo cierto es que vendrán más casos, cientos, quizá miles. Será lo de nunca acabar. Al menos que se tomen otras medidas, y no las que se intentan poner en marcha para frenar este desastre. La cuestión es que este espinoso asunto está provocando fuertes divisiones en la UE. Hay gobiernos que no quieren saber nada de los refugiados, otros que sí pero con condiciones. Total, que se van pasando la patata caliente unos a otros. Un asco en toda regla como dice un amigo. 
Ahora resulta que nadie quiere asumir responsabilidades. Claro, estas personas que recogemos en el mar no son jeques, ni gente blanca, rubia o de ojos azueles. Son solo personas desesperadas. Y eso parece tener mucha menos importancia.
Pero así funciona la hipocresía “made in Europa”. Bajo un fariseísmo disimulado es más fácil criminalizar a los que escapan del infierno. Y eso se confirma cuando nos dicen por activa y por pasiva que esas personas vienen a delinquir, a quitar puestos de trabajo y a destruir los estados del bienestar. Se nos dicen tantas estupideces que al final hasta terminamos creyéndolas.  
Pueden disfrazarlo de mil maneras, decirnos esto o aquello para justificar ciertas políticas, pero lo que se está haciendo con las personas que huyen es inhumano. Nadie arriesga su vida gratuitamente –a no ser por desesperación–  lanzándose al Mediterráneo. Nadie. 
Lo terrible es que detrás de esta tragedia hay un gran engaño. Puesto que ni los medios ni los políticos nos explican las causas; quizá porque no interesan. Y va siendo hora de que empiecen por hablar de ellas y no de lo que está ocurriendo, pues eso ya lo sabemos. Deberían empezar por explicarnos quienes provocaron esta situación y no seguir fingiendo no conocerla.
Para aclarar ciertas cosas y así higienizar nuestra sociedad, sería muy constructivo tener a nivel europeo un gran debate acerca de este espinoso asunto. Pero no un debate cualquiera, sino uno que sacara a la luz pública las barbaridades cometidas por algunos gobiernos europeos. 
Hay un proverbio chino que dice, que el que siembra vientos recoge tempestades. Y, lamentablemente, algunos gobiernos europeos han sembrado demasiados vientos en los últimos veinte años, dedicándose –según ellos– a “democratizar”  países de África y Oriente Medio. 
Ciertas potencias europeas –sin hablar ya del saqueo que cometieron en los tiempos de la colonización– se empeñaron en los últimos años en promover allí guerras y divisiones. Pero ahora nadie quiere hablar de eso. Volvemos a lo de siempre: se habla del efecto y no de la causa. 
La versión más común instalada en la sociedad es que esas personas huyen de gobiernos corruptos, de guerras tribales, de la miseria, lo cual es cierto. Pero no se habla nunca de los promotores intelectuales de ese caos. Y no se hace porque entonces habría que trasladar la responsabilidad a varios gobiernos europeos, que fueron culpables de arruinar las formas de vida de muchos de esos países. 
Así que, los fanáticos anti-inmigrantes y xenófobos que pululan por las calles de las ciudades europeas, antes que nada deberían pedirle cuentas a quienes desde el poder los están manipulando. Decirles que en lugar de promover la armonía en esos países, se han dedicado a fomentar “Primaveras Árabes” para cambiar gobiernos y destrozar estados. O a bombardearlos directamente como en el caso de Libia.
También decirles que deberían poner sobre la mesa soluciones reales, y no propuestas que no sirven para nada. Como hacer de Europa un fortín, levantando alambradas o estableciendo campos para refugiados. Decirles que ese no es el camino, sino que la solución estriba en ayudar a la reconstrucción económica de esos países, que entre todos los hemos convertimos en estados fallidos e invivibles. Decirles, además, que no traten de engañarnos, que el único “efecto llamada” fue el que generaron las intervenciones políticas, económicas y militares de ayer. 
 

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