Viva el desorden

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Antiguamente las revoluciones eran más vistosas y cruentas, incluso sangrientas, pero no dejaban de buscar destruir el orden establecido. Los revolucionarios de ahora son más sofisticados, muy digitales y abrigados por un manto insoportable de progresía que lo justifica todo, pero sus objetivos son los mismos, el desorden social y la destrucción de escalas de valores sin proponer alternativas a nada. 

El modelo social está en decadencia, todos lo sabemos, pero nadie hace nada, nos dejamos llevar sin rumbo y sin destino, viajamos hacia lo desconocido cargados de irresponsabilidad y sin ningún compromiso con las generaciones venideras. Todo se pone en tela de juicio, los malos de siempre son ahora los buenos y los buenos de antes son bultos sospechosos que representan, según la progresía, el pleistoceno de los tiempos. 

En lo político ya vemos lo que tenemos, más políticos que nunca incapaces de encontrar espacios de acuerdo y entendimiento condenándonos a todos a las incertidumbres sabiendo, con toda seguridad, que nos dejan en el desamparo a los ciudadanos y nos hacen víctimas de sus propias miserias morales e intelectuales. 

Al final somos, para ellos, los responsables de haber votado mal y claro, pretenden que les arreglemos los problemas que ellos nos crean. En resumen, no votamos para que nos solucionen problemas si no para que nos los creen. El último varapalo que recibimos llegó en forma de entrevista televisiva, con el terrorista Otegui como protagonista y en el prime time de nuestra televisión pública. Desde la caja tonta al servicio del gobierno de turno, se nos ha colado en el salón de nuestros hogares para decirnos que hicieron daño y causaron dolor, quizá más del necesario y quizá más del que tenían derecho a hacer. Es decir, los terroristas entienden que tienen derecho a hacernos daño y que, a veces, se pasan un poquito. 

Por ejemplo. El asesinato de Miguel Ángel Blanco fue un poco excesivo y los 550 días de secuestro de Ortega Lara fue un daño al que tenían derecho. Las otras 900 víctimas mortales de Eta pueden ser parte del derecho que los terroristas dicen tener a causar dolor. Y todo esto nos lo hacen llegar a casa a través de esa Tv que pagamos todos y que manejan unos pocos y lo cuelan el día antes del homenaje a las víctimas del terrorismo en el parlamento nacional y con presencia de Bildu, marca blanca de Eta bajo la que se ocultan la mayoría de los ex miembros de aquella banda asesina. Sinceramente, entiendo muy bien a aquellos que se negaron a compartir ese homenaje con los causantes del dolor y se ausentaron de sus escaños. 

Ya es curioso que no se dejara entrevistar al propio Ortega Lara para recordarnos su calvario, parece ser que no se le entrevistó porque es miembro de Vox, sin embargo, pretender justificar la entrevista de etarra porque es presidente del Bildu, aunque él esté aún cumpliendo pena por alguno de sus delitos. He oído a algunos políticos llamarle “hombre de paz” y quedarse tan tranquilos. 

Es el mundo al revés el desorden perfecto ante la pasividad de una ciudadanía entregada y sumisa que tragamos con todo e, incluso, premiamos con nuestros votos a irresponsables que protagonizan nuestra realidad política. Tenemos lo que nos merecemos, nos han convertido en bomberos pirómanos y parece que no nos molesta. Se avecinan tiempos de lamentaciones. ¡Viva el desorden!

Viva el desorden