Escenario poco alentador

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Es un hecho indiscutible que la democracia se está debilitando. De un tiempo a esta parte estamos asistiendo a una deformación tan brutal de las reglas democráticas que dentro de poco no quedará nada del invento griego. 
Lo ocurrido en la campaña electoral francesa fue un ejemplo de maltrato a la democracia. La comisión de control gabacha previno a los medios y a los ciudadanos que se abstuvieran de difundir información (documentos, correos electrónicos, contratos, etc.) que fuera obtenida ilegalmente, entiéndase, a través del “hackeo”. Según la comisión, se hizo para que no se pudiera alterar la integridad de las elecciones. Hasta ahí suena bien.
La paradoja estriba en que los medios se volcaron masivamente en favor –una vez eliminados los otros candidatos– de Macron, cercenando de esa manera la integridad misma del proceso electoral que ellos, la comisión, dicen defender. Por si esa transgresión no fuera suficiente hay que añadir las declaraciones de Merkel, de Jean-Claude Juncker y de otros en favor de Macron. Uno se pregunta ¿cómo podríamos llamar a esto último? ¿Acaso un “apoyo” a los amigos? Si hubiera algún periodista valiente –que no tuviera miedo a ser despedido– y se lo preguntara a Merkel sería interesante escuchar su respuesta. Es obvio que ella nunca aceptaría que fue una injerencia en un proceso electoral de otro país, le llamaría cualquier otra cosa que no sonase a fisgoneo. ¿Por qué la palabra injerencia se menciona solo cuando los candidatos “anti-establishment” se sospecha que reciben apoyos del exterior? Sería conveniente que los llamados “demócratas” nos explicaran la razón del porque esa palabra es aplicable en unos casos y en otros no, que nos dijeran cuál es la diferencia. Aquí, como en tantas otras cuestiones, parece que se utilizan diferentes varas de medir. 
En las campañas electorales casi siempre nos hablan de información que perjudica al candidato oficial y que además fue obtenida ilegalmente, pero raras veces se menciona su contenido. Nos hablan del continente, utilizando el lenguaje de las aseguradoras, pero nunca del contenido. Cuando no conviene a ciertos intereses se oculta todo bajo el enunciado de que la información fue obtenida de forma incorrecta. Y ahí cierran la polémica.
Los golpes bajos que hubo en la campaña electoral francesa demostraron una cosa: que cualquier candidato que esté en contra del poder le resultará difícil ganar unas elecciones. Para que hubiera realmente un proceso justo tendrían que existir otras condiciones electorales, empezando por unos medidos neutros que se dedicaran a informar y no a construir una falsa opinión pública. No debemos olvidar que los estados de opinión, los verdaderos, solo se pueden crear cuando los ciudadanos reciben información clara, concisa y objetiva y no relatos manipulados.
Lo que está ocurriendo con los grupos de presión, que son los dueños de las grandes empresas mediáticas y que además utilizan para construir opinión pública, es realmente preocupante. Y lo es sobre todo para poder seguir manteniendo vivo el sistema democrático, que no es poca cosa. Hemos llegando a un punto en que los ciudadanos no son conscientes –al menos la mayoría– de que sus acciones no son producto de la libertad, sino que han sido “programadas” en sus mentes desde los medios. Con frecuencia en la calle se pueden escuchar las mismas palabras que utilizan algunos analistas políticos en los platós de televisión o en las emisoras de radio. 
Nadie en su sano juicio puede poner en duda los grandes beneficios de las nuevas tecnologías, en este caso en el campo de la información, pero cuando se usan de manera perversa para doblegar voluntades se convierten en armas muy peligrosas. Y hoy se están usando sin ningún tipo de escrúpulos para sembrar dudas, dividir a la sociedad, confundirla y enfrentarla. 
La libertad es una condición necesaria para que se pueda desarrollar la democracia, pero no suficiente. El derecho a votar no significa que exista un régimen democrático, la democracia es más que eso, es también el derecho a tener una información objetiva y verídica. 
 

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