Los mundos de Alberto

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Yes que pertenecen a la misma troupe. Son del mismo equipo y tienen muchas coincidencias, como, por ejemplo, su mentor que, ¿recuerdan?, agitador contra la España de las autonomías acabó presidiendo una y, mala suerte, la de aquí, que nunca aparece entre las históricas por la histeria de unos cuantos que no creen en ella.
El caso es que el mundo de don Alberto, como el del señor Mariano, son cosas de otros mundos y aquí la redundancia es necesaria. Los recortes se llamaron, durante cinco años, cambios necesarios; los éxitos llevaban su apellido y los fracasos se llamaban ZP.
El mundo de Feijoo9 se crió a los pechos de Fraga y se consolidó con los votos de Baltar, a quien se niega a condenar, pese a estar convicto de caciquismo. El mundo de Alberto pasa por la sanidad privatizada hasta la última gota de sangre (los análisis) o con el perdón a las empresas por faltar a sus promesas. Con nuestro campeón 009 Galicia queda relegada al banquillo en la Comisión de Pesca de la Eurocámara cuando antes siempre había algún político gallego entre los miembros titulares de este órgano. Como en el caso de su jefe Mariano, la Gürtel le acecha y en Compostela le crecen los enanos (perdón, le menguan los ediles, implicados en cosas feas) y por A Coruña no les digo nada y en Ferrol hay dos Josman en el PP y uno puede que cante después de ser pillado en un pinchazo telefónico. La corrupción supone, en España, cuarenta mil millones al año. Cada español “paga” 860 euros. ¡Malditos sean los corruptos!
Entre las deudas que tiene contraídas con la ciudadanía está el famoso plan de transporte metropolitano, que, otra vez, ahora insiste en vender como una nueva idea. Está el fallido plan de “xuntanza” municipal, ante el cabreo y la negativa de sus propios conmilitones.
Lo del sector lácteo es la leche, según los entendidos, y perjudicados, en el tema. Estamos esperando esos barcos que llegarán cargados de pesos desde Mexico lindo y querido mientras otros amigos esperan la prórroga en la concesión de las autopistas.
Cuando se habla de la deuda del Estado se nos ponen los pelos de punta y cuando, como explica el admirado economista Manuel Lago, le hacen las cuentas a la Xunta nos tememos que pronto, se nos –a nosotros, el pueblo– caerá el pelo y a don Alberto, como ocurre con Mariano, les crecerán las críticas.

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