Manos a la obra

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Durante mucho tiempo se ha venido definiendo la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. En 2008 se redefinió este concepto de salud acuñado por la OMS en 1948 como la capacidad de las personas o de las comunidades de adaptarse para gestionar los desafíos físicos, mentales o sociales que se les presenten en la vida. Ahora nos enfrentamos con un nuevo concepto según el cual es imposible desligar el estado de salud de las personas de los recursos del planeta y como estos se gestionan. Es la salud planetaria.

La contaminación, el cambio climático o el agotamiento de los recursos de nuestro mundo tienen un impacto directo en la salud de las personas y eso es algo sobre lo que ya no existe duda alguna, con sobradas evidencias científicas. La contaminación del aire, por ejemplo, es causa directa de la muerte de 9 millones de personas al año. Más muertes que las producidas por el tabaco, 6 millones, o la suma de las causadas por el VIH, la tuberculosis y la malaria, 3 millones. También es la causa de la pérdida del 22% de toda la salud mundial.

El cambio climático también se considera que entre el 2030 y el 2050 producirá una media de 250.000 muertes al año. Sus efectos más directos los podemos ver en la última ola de calor que ha ocasionado más de 73.000 fallecimientos. Pero, aunque tenemos bien cuantificados los efectos directos de este cambio climático, nos falta por saber cuales pueden llegar a ser sus consecuencias indirectas, como las relacionadas con el agotamiento de recursos ante la pérdida de terrenos de cultivo por culpa de la desertización, por ejemplo.

Y aunque sobre todo esto no cabe duda, lo cierto es que falta todavía voluntad política para llevar a cabo los cambios necesarios antes de llegar a un punto de no retorno. La presión de determinados lobbies poderosos como puede ser el del petróleo hace que esta no sea una cuestión sencilla. Trasladar el conocimiento desde la ciencia a la política no es tampoco un camino fácil. Muchas son las voces que advierten de la necesidad de emprender medidas para poder salvar la vida del planeta, aunque valorando adecuadamente el impacto en la vida de las personas de forma que las desigualdades que ya existen no se acaben acentuando. No es fácil, repito, pero algo es imperioso de hacer ya.

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