¿Acaso no abandonamos a los abuelos...?

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Han tocado a rebato… Bandazos de infarto, circulando… Fue la demencia / es la economía, imbécil; el triunfo del materialismo histórico sobre los bonitos cuentos de Calleja. Olvídate del domund y sus chinos… No se ha esperado tanto ni tan bueno, para que, desde detrás del Sol, acaben por echarte de tu casa… Lady Macbeth, maestra de ceremonias sepulcrales, lo había dejado claro: “¡Espíritus del Mal, convertid en hiel la leche de mis pechos…!”.
Mientras compraba el pan esta mañana, una ancianita de aspecto venerable, andaba solicitando linchamiento, a lo Bernarda Negra y sus carbones encendidos. Hay  quien prefiere decantarse por el affaire Aurora/Hildegart (Medea, la de Jasón, no está ni se la espera, menos enxebre como carne de tumulto)… “Ella” tiene cara de mala; “él”, de “joya mía”, ¿hacen falta más pruebas?)… Este es un crimen fino (y quién sabe si en serie…): el horror se ha vestido de magazín televisivo a la violeta, donde conviven –y se llevan a matar– idílicas imágenes de sagradas familias en su casa de guirlache y el siniestro reverso de su almíbar: una niña cadáver, tras ser dormida y amarrada por ahorrarle inútil sufrimiento; y ya de paso, la capacidad del forcejeo, no fuera a ser que alguien se terminase lastimado (la maldad escrupulosa de la bestia).
Y yo pensaba en ti, X***, adolescente llegada de la lejanía para ser adoptada en el seno de un hogar como dios manda. Luego resultó que eras “difícil”. Al final, “no quedó más remedio” que enviarte, juguete roto, de regreso a “casa”.  Acabaste de culpable de la historia: díscola, desagradecida yextranjera…
Yo te conocí, X***. Dondequiera que estés –no me importa en lo que te hayan/hayas convertido–, siempre te consideraré nuestra víctima inocente. Se puede destruir algo tan valioso como la vida misma; en tu caso, la inquebrantable decisión de salvarte del naufragio; la ternura feroz de las raíces de la hiedra muro arriba, buscando.
Por lo demás, “llamen al conde de Olivares duque, /case su hija / y vámonos al Pardo”.

¿Acaso no abandonamos a los abuelos...?