EL BAZAR

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Un bazar de eternas novedades y promesas, eso es el capitalismo actual. Cambiar la apariencia de las cosas para que sigamos enganchados en la alerta del consumo. En ese estado de vigía, de duermevela, el consumidor esa figura tan actual, más actual que nunca, se des- espiritualiza. 
Lo” último” suplanta nuestra personalidad, nuestra voluntad. Lo nuevo se simula para que parezca que algo cambia. Es la simulación la que continuamente nos saca del aburrimiento. El vehículo de esta simulación es la publicidad y los medios de comunicación. 
Cada vez más los artículos nos poseen, suplantan nuestra personalidad y nuestra importancia social, dándonos también o confiriéndonos una importancia simulada. Hay en el fondo una nueva religión a la que todos estamos entregados y es la religión del progreso. Esa palabra nos confiere un “sentido” a todo lo que oímos y vemos. 
Este progreso viene de la confianza de que la tecnología o si se quiere un mundo tecnológico nos va a hacer una vida más feliz, más liviana frente al dolor o el sufrimiento. 
Las palabras que en un tiempo significaban algo se trasladan a un lugar donde domina la superficialidad o el consumo. “Revolución”, “Primavera”, “Radical”, “desarrollo”, cambian su contenido por cosas, coches, móviles, ordenadores. 
Lo mismo sucede la frase “última generación” que le da a todo los que poseemos una categoría falsa y momentánea. Todo lo que nos venden es de última generación, pero todo tiene una vida breve para que se pueda seguir vendiendo novedades. La vida breve de las cosa nos azota y nos insatisface. Esa es su misión. 
Un consumidor satisfecho no consume, está tranquilo. Se fabrica o  se tira tanto como sea necesario. Para eso hay que reciclar. Las cosas no duran, su obsolescencia es cada día  más breve. 
Según Crary, esta  es la lógica del 24/7, modelarse alrededor de los objetivos individuales de “competitividad”, “progreso”, “adquisición”, “seguridad personal” y “confort” a expensas de los demás. Son las palabras las que han entrado en el bazar, donde cambian de sentido, cambiando a la vez nuestras vidas.

EL BAZAR