El ciudadano Gregorio

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Hace 21 años ETA asesina en San Sebastián a Gregorio Ordóñez. Su delito, militar en el PP. Cumplía en el Ayuntamiento un mandato ciudadano, pero eso poco importaba a los asesinos, ellos eran, aún lo son, el ciudadano y también la ciudad: los amos. Asesinaron a Ordóñez porque su noble militancia en la causa de la vida, la libertad, la solidaridad y la palabra, les humillaba en la medida que hacía visible otra forma de hacer política y ejercer en lo individual y lo colectivo. Gregorio, como otros, eran pintados por ellos como diablos, pero su comportamiento público y privado negaba a diario esa maldad. 
La libertad en el País Vasco era una nuca de inocencia y la tiranía una pistola dispuesta a quebrarla. Gregorio era un hombre libre y un ciudadano consciente de sus derechos y de la necesidad de defenderlos. Era además: un padre, un esposo, un hijo, un hermano, todo eso era sin dejar de ser él, y eso es mucho más de lo que cabía en la voluntad de los tiranos. En ese generoso ser dispuso su nuca a un sacrificio tan criminal como innecesario. No lo era su empeño, el de poder poner palabras y gestos allí donde se está y en defensa de lo que se cree. Magnífica causa la suya, la nuestra, la de todos, frente a esos seres sin traza de lo humano, ni idea de humanidad. 
Su ejemplo no es un imposible heroicamente resuelto sino el elemental y cotidiano coraje que nos hace posibles. Memoria, pues, para su dignidad y sentido de la justicia.

El ciudadano Gregorio