Más allá de Madrid

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einticinco cumbres después, estamos en una situación límite para revertir la situación climática, según consenso científico y político.Más allá de las buenas intenciones y optimismo que se desprenden de las declaraciones televisivas de António Guterres, secretario general de la ONU, permítanme que, hoy por hoy, discrepe de sus esperanzas.
No solo por el panorama medioambiental internacional revelado por los medios denunciando las islas de plástico en el Pacífico, el deterioro de aire que se respira en las grandes urbes de India o China, la contaminación de las aguas en Asia o la desaforada extracción de gas y petróleo por fracking en Estados Unidos. O porque el negacionista Trump quita su firma de los Acuerdos de París. Sino también por el palpable deterioro climático en nuestro país, a poco que miremos atentamente o viajemos por nuestro terruño patrio.
En un viaje reciente a La Mancha y Gredos pude comprobar la emergencia climática provocada por la actividad humana.
La desecación de acuíferos en la cuenca del Guadiana es evidente, no solo en Tablas de Daimiel donde el afloramiento de aguas inunda cada vez menos superficie, debido a la sobreexplotación de aguas subterráneas demandadas por el incremento desmesurado de la superficie cultivada en los últimos cincuenta años. Tomemos la ruta que tomemos, olivares y viñedos cubren el conjunto del paisaje de Ciudad Real. Claro que hay que mejorar la vida de todos los que viven en esta España seca, pero seguro que se puede hacer con equilibrio medioambiental.
En la sierra de Gredos, la trashumancia de ganado vacuno hacia Extremadura se retrasa cada vez más, por falta de agua en los pastos de destino. La escasez de sedimentos en el Delta del Ebro o la reciente crisis medioambiental en la Manga del Mar Menor son ejemplos cercanos.
Todavía más cerca, las prolongadas sequías en Ourense, el alargamiento de las olas de incendios en la costa atlántica por ensancharse el tiempo seco o la pérdida de biodiversidad en las rías gallegas y sus rellenos por el cumulo de años de una actividad humana descontrolada son realidades que tenemos al salir de casa.
Además, seamos críticos. Nuestros hábitos de vida son incompatibles con el respeto medioambiental. El exceso de desechos por nuestro consumo desproporcionado, muchas veces, de productos de un solo uso, la mala separación en origen de residuos domésticos o el mal uso del automóvil son casos que está en nuestras manos ponerle remedio. Pasará la COP25 madrileña, pasará la euforia de buenos propósitos medioambientales y no pocos volverán a pensar que no es para tanto. Hasta que la situación sea insostenible.  Advertidos estamos.
ramonveloso@ramonveloso.com

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