¿Pagaremos caro sus juguetes de Reyes?

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Asistimos a un lamentable y bochornoso debate de investidura. Para llegar al 10 N, les hubiera sido mejor quedarse con el resultado del 28 A. Pero, hasta que las evidencias no las tienen delante de las narices, les pasa igual que a los jugadores de ruleta en el casino, ellos continúan jugando. Ahora, ninguno de los dos deseaba continuar, en otras nuevas elecciones, con la progresiva caída de votos. No era una cuestión de gasto, pues nos va a costar mucho más la burocrática creación de cinco nuevos ministerios.

De la noche a la mañana llegaron a una alianza de perdedores: obtener el poder al precio que fuera, y no asumir su derrota real. A fin de cuentas, estos partidos, con líderes no democráticos, siempre apuestan con dinero de los ciudadanos, ni por afinidad ideológica, ni siquiera con pólvora del rey. Otra cosa sería, si este tamayazo saliera de su bolsillo para pagar a todos esos partidos por su voto no gratis.

Los ciudadanos hemos perdido otra oportunidad de mejorar nuestra Constitución y enmendar errores del sistema, cometidos durante estos cuarenta años de bipartidismo, al no realizar ahora un pacto de estado para obtener igualdad de derechos y obligaciones entre todos los españoles y, afrontar la nueva Era Digital con mejoras reales y verdaderas para la mayoría de los trabajadores y pymes.

Seguimos asistiendo, ante la evidencia del cuerpo presente bipartidista, hasta su putrefacción pestilente del tema territorial. Las etiquetas de azules y rojos están en la publicidad de ambos, como si el resto de los votantes ciudadanos no existiera. 

Es probable que, con las rechazadas direcciones generales ofertadas en su día, hoy elevadas a categoría de ministerios, se domestique a estos ultras con una ducha de realidad presupuestaria, y no puedan cumplir los sueños celestiales de promesas y deseos infantiles. 

De todos modos, no rechazarán su paso por la moqueta, la peluquería, la moda y la ilusión de ser ministros, con subsecretarías, nuevas direcciones generales, nuevos cargos en patronatos etc., cargos de pertenencia tradicional a la casta y a la endogamia. Así, ellos a lo suyo, ya vemos cuál es su ideología.

Nadie sabe cuánto durará esta veleidad. Parece que la llave dependerá de si ERC termina gobernando en Cataluña, o si lo hace JxC, o si por la velocidad de crucero que otros no pudieran alcanzar, alterarán este equilibrio inestable de 167 a 165, con tan pírrica y ajustada victoria. Etiquetar de coalición progresista este modelo cantonal es una ironía, y volver a algo fracasado en el siglo XIX.

Este bicéfalo gobierno, o nos esconde algo o no tendrá posibilidades de liderar el caos institucional y territorial que vendrá por el camino emprendido. En todo caso, perderemos de nuevo otra oportunidad de mejorar la actual Constitución. Sin duda, pronto morderán la mano de los ciudadanos que les dan de comer.

Lo más grave vendrá cuando, este guerra civilismo de dos bandos al cincuenta por ciento, traten de imponer su voluntad al otro. 

Probablemente entre familiares, la convivencia rota en Cataluña se repetirá en otros lugares de España. Experiencia que ya sufrimos sobradamente y, que con la transición del 78, se superó gracias al arrepentimiento del daño causado por ambos bandos, principio que se ignora hoy. Después de casi ochenta años volver a las andadas del rencor, odio y venganza que, solo interesa a la mano negra que alimenta el bipartidismo, propio del Destino Manifiesto de los pueblos elegidos.

El nefasto periodismo rampante del nuevo régimen tiene una gran responsabilidad con la deriva que ya se ha visto tomaron en la transmisión del bochornoso debate, cortando con anuncios o cambio de programación en varios canales, en los momentos de ciertas intervenciones no afectas a la etiquetada coalición progresista. Incluso, en las bizqueantes mesas de debate a la hora de la intervención de otros periodistas, cortar su argumentario, por no ser proclives a las etiquetas del actual régimen.
La táctica de insultar al contrario y luego pedirle compostura no cuela, y menos con el sarcasmo de tila y valeriana. No se puede provocar con el rencor de un victimismo heredado, por un pasado que ahora no viene al caso. Comparar victimas con verdugos, para así evitar responder al engaño fraudulento a un electorado al que se le promete lo contrario de lo que se piensa hacer, resulta un delito de felonía.

Nos recuerda este estilo al Felón Fernando VII, cuando dijo: “¡Marchemos francamente todos juntos, y yo el primero, por la senda de la constitución…! Le faltó tiempo, para imponer la tiranía absolutista radical que, nos llevaría al caos del siglo XIX: perder el tren de una Hispanoamérica constitucional y, empezar el modo guerra civilismo que se nos impuso al resto de ciudadanos hasta nuestros días como un mal cronificado, por falta de líderes demócratas. 

El mal tono y la crispación en el debate deviene del felón engaño y, sin despeinarse, prometer luego lealtad al Rey y a la Constitución.

Afirmar, entre otras mentiras, que era el único gobierno posible, además de no ser el que necesita España, fue otra oportunidad perdida para los ciudadanos, al no establecer un pacto de estado entre bandos, para afrontar con altura de miras y meritocracia la nueva Era Digital, cargada hoy de desempleo e incertidumbre de futuro para los jóvenes ciudadanos. Y encima, pagaremos caro sus juguetes de Reyes.

¿Pagaremos caro sus juguetes de Reyes?