Reportaje | Grandes y pequeños terapeutas de cuatro patas como revulsivo contra el olvido

Gadis de Portanova terapia con perros de AFAL
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Salirse de la rutina, sentirse útil, recordar viejos tiempos y, sobre todo, dar y recibir cariño son siempre actividades que alegran a uno el día. En AFAL la responsable de provocar todas estas sensaciones desde hace más de dos años es Nala, una perra que llegó al centro con tan solo seis meses y que hoy es un miembro más del equipo que conforma la entidad ferrolana. “Es muy buena, siempre viene y nos pide besos. También es cierto que está muy bien educada por su mamá”, aseguran Antonio y Angelita, dos de los siete usuarios de la asociación que el pasado miércoles formaron parte de una de las actividades organizadas con el can: una salida al supermercado Gadis de Portanova para realizar la compra con la que, posteriormente, harían una tortilla de patatas con chorizo.
“En esta actividad, Nala simplemente les acompaña, por lo que al ya haber un vínculo previo de todos estos años en el centro, lo que se busca aquí es promover la motivación”, señala la educadora social de AFAL y adiestradora canina con formación en intervenciones asistidas con animales, Rebeca Freire.
El ejemplar de labrador acude dos veces por semana al club de adiestramiento Lobos de Naraío donde sigue formándose como perra de terapia, realizando diferentes actividades y poniéndose a prueba ante distintas situaciones con las que luego podrá toparse en los centros de día gestionados por la entidad ferrolana –Casa del Mar y calle Río Castro–.
Con todo y a pesar de la formación, algo esencial para este tipo de terapias, el carácter es fundamental a la hora de seleccionar un animal u otro para relacionarse con personas de este tipo. “Lo primero que miramos es la tolerancia del perro porque debe ser cariñoso, que acepte las caricias, que muestre vínculos, que le guste jugar...”, explica Freire, al mismo tiempo que señala que en sus visitas semanales a AFAL realiza diferentes actividades en relación con los ámbitos de los profesionales que trabajan en los centros. “Con la terapeuta hacemos actividades de la vida diaria como darle un desayuno, en el que son los propios usuarios los que le preparan la fruta y los que se la dan con un tenedor; o le realizan un aseo completo bañándola y secándola. Conmigo los usuarios salen fuera a pasearla como si fuera un perro suyo y eso les beneficia muchísimo, porque en su vida diaria también tienen vínculos con animales y forman parte de su historia de vida”, destaca.
Beneficios en cualquier etapa
Las sesiones con Nala suelen durar entre 45 minutos y una hora y cada día se van rotando los usuarios de AFAL formando grupos reducidos –máximo 6– para que la relación con la perrita sea extensa. Todas las personas que hacen uso de los servicios de la asociación pueden tener contacto con el animal, indistintamente del estado en el que se encuentre su alzhéimer o demencia.
“Aunque esté en una fase avanzada vemos que el usuario puede tener un vínculo muy grande con el animal y se produce una estimulación sensorial enorme y muy beneficiosa”, asegura Freire.
Sesiones con relinchos
Además de estas terapias con Nala, los usuarios de AFAL acuden a menudo a La Finca, en Mandiá, un centro especializado en equinoterapia donde la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer e outras Doenzas realiza sesiones de terapia para sus pacientes en fase inicial o moderada.
Además de cepillar, limpiar, acariciar al caballo y contar sus vivencias en torno a este animal, los particulares jinetes se someten a una serie de pruebas en un circuito –canasta de aros, obstáculos...– para mejorar su desarrollo psicomotriz.
Rebeca Freire y la terapeuta ocupacional de AFAL, Silvia Veiga, presentaron en las Xornadas Interdisciplinares de FAGAL en Santiago la ponencia “Nala, Linda e Pitu: motivadores de 4 patas na abordaxe terapéutica do alzhéimer e outras demencias”, con la que explicaron los beneficios de todos estos tipos de terapias a la hora de despertar sentidos que simulan estar dormidos.

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