| La euforia del primer día deja menos niños en la calle al inicio de semana

coronavirus primer día que los niños pueden salir a pasear. Familia de Cris Verdía parque del Bertón =atorizada=
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Si el domingo todos los niños tenían casi la obligación de pisar la calle, ayer muchos se hicieron ya los remolones, unos porque empezaron de nuevo las clases virtuales con sus profesores, otros porque sus padres trabajaban y algunos, los de mayor edad, porque ya no veían tan atractivo salir con su padre o madre en lugar de con sus amigos.

Sea como fuese, las normas estuvieron más presentes, tras las advertencias públicas, de la Policía Local y también de los propios vecinos que dieron voces de alerta por incumplimientos en espacios como Amboage, paseos de Xuvia, Pontedeume, San Valentín o Lavandeira–Cabanas–.

La familia Tellado Verdía fue una de las muchas que ya el domingo estrenaron la última medida del Gobierno. Confinados desde el 14 de marzo en un piso de 65 metros cuadrados en San Xoán con un niño de 15 meses y una niña de seis años salieron a “respirar” por la zona de O Bertón, próxima a su domicilio. “Decidimos salir por la mañana porque daban lluvia para por la tarde, aunque después de más de un mes encerrados, hoy nos poníamos katiuskas si hiciera falta”, indica Cristina Verdía. Pese a que no coincidieron con muchas familias en su recorrido sí había personas asomadas a sus ventanas. “Se veía a la gente muy emocionada, había quien nos aplaudía y gritaba ‘hay niños en la calle”.

“Me gustó mucho salir a pasear con la bici”, explica su hija Berta de seis años, “aunque solo vi a la vecina de mi abuela, que es mi amiga, y no pudimos ir al parque, tenía una cinta azul”. Restricciones aparte, los paseos son ya una alternativa a las manualidades, juegos de mesa y “retos” gastronómicos para esta familia tras 43 días sin salir.

Xabi e Icía –3 y 8 años– también aprovecharon, en Pontedeume, la oportunidad de volver a la calle, aunque en este caso no solo les permitió dejar las cuatro paredes de su casa sino que les sirvió para descubrir nuevas zonas que estaban a tan solo un kilómetro y que apenas conocían.

“Fumos de exploración por cerca da vía por onde nunca paseamos” –comenta Icía–, que se mostraba también muy contenta de haber visto a una compañera de clase. Eso sí “de lonxe”, matiza, y con el gel desinfectante en la mochila por si no se podía evitar tocar algo. Hoy repetirán la experiencia y, si no hay mucha gente, bajarán más hacia el centro e irán incorporando algunas novedades, como patines o algún juguete.

La primera salida de Cibrán –13 años– en más de un mes sirvió para poder ver a sus abuelos aunque sin que ellos saliesen de su vivienda. “Lo bueno que tiene vivir tan cerca y que, además, su casa sea en un bajo hizo que pudiéramos hablar y contarnos muchas cosas, porque hacía mucho tiempo que no los veía”, explica.

Ayer, sin embargo, ya no salió a la calle y se quedó estudiando, jugando y entrenando “virtualmente” con sus compañeros.

Sea cual sea la opción, todos los niños están más contentos de contar con la posibilidad de salir un rato cada día.

Los hermanos mayores y los adultos pueden ir concienciándose ya para iniciar su desconfinamiento a finales de semana. l

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