Reportaje | La naturaleza y la botánica como estímulos para la memoria y la creatividad

Macu García (al fondo) explica a los residentes la historia de las plantas creando una sinergia de historias compartidas | jorge meis
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Tal y como decía Rousseau, “hay siempre un libro abierto para todos los ojos: la naturaleza”. Y esto es algo que se comprueba en la clase de botánica artística que el Proyecto Kantos lleva impartiendo en la Residencia de Mayores de Caranza durante estos dos últimos meses. La iniciativa, que se realiza por primera vez en centros públicos, tiene como objetivo el beneficio de sus residentes más dependientes estimulando la memoria, ayudando a fijar la atención y mejorando la autoestima de quienes acuden a las clases, en su gran mayoría gente dependiente.


“Trabajamos con las plantas, sobre todo silvestres, y sus partes y como son cosas que conocen todos, se motivan y se sienten seguros. Le llamamos botánica artística porque aúna ciencia y creatividad, por lo que se trata de un nuevo concepto que pretende llevar la ciencia a todo el mundo”, explica la bióloga especializada en botánica y directora de Kantos, Macu García, que se trasladó estas semanas desde Madrid para dar las clases que terminarán esta semana.
El número de asistentes varía en cada clase, aunque existe una notable diferencia desde la primera sesión, donde eran muchos los que, con reticencia y timidez a partes iguales, se quedaban en la “barrera” como espectadores, a la actualidad, donde muchos se animaron y ya se sientan en la mesa de trabajo. “La primera vez vienen con miedo pero una vez aprenden la técnica ya saben lo que tienen que hacer. El hecho de contar historias, escuchar lo que cuenta Macu... es muy positivo porque para ellos es salir de la rutina y eso lo agradecen mucho”, destaca Begoña, la animadora sociocultural.


El objetivo final de una clase de botánica artística es crear un cuadro con elementos naturales pero para eso, se debe conocer primera la historia de cada planta. Así, tocando, oliendo y escuchando las explicaciones más técnicas, cada usuario de la Residencia de Caranza lleva a cabo sus creaciones. “Vienen casi dormidos y al llegar aquí comienzan a despertar. Agradecen mucho estar con las flores y las plantas, es como traerles un pedacito de naturaleza aquí”, indica García, que apunta a que, en alguna ocasión, también pudieron realizar la clase fuera.


Con pincel y cola en mano, los participantes colocan los elementos sobre una tela arpillera –de tejido natural– para elaborar sus cuadros y muchos de ellos están colocados en el pasillo central de la residencia. Además, también realizan ramos y plantan semillas para conocer de primera mano su proceso de crecimiento. Durante estos dos meses, cada residente ha ido configurando su propio herbario artístico, a partir de una colección botánica, poniendo especial énfasis en el lenguaje científico.


Así, la estimulación de la memoria, la mejora de la concentración y el aumento de la capacidad de atención, así como el desarrollo de la capacidad creativa y estética y el pasar un rato en grupo fuera de la rutina diaria, son los principales beneficios de esta iniciativa, que contribuye a mejorar el estado anímico de los usuarios. “Regresan de inmediato a los recuerdos de la infancia relacionados con la tierra y las plantas, creando un ambiente muy interactivo y entretenido”, explica Macu García, quien asegura que todos aprenden de todos.


Así, a la pregunta de si quieren que se terminen estas sesiones, todos lo tienen claro: “No, nunca. Que sigan por mucho tiempo”, comentan a viva voz mientras dan los últimos toques a su creación.


Ahora solo queda dar título a los cuadros y esperar a que la segunda edición del proyecto sea una realidad.

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