El micromecenazgo financiero de la ciudad naval que conquista España

Foto de entrevista Inversa Ferrol
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La relación de la comarca de Ferrol con las nuevas tecnologías es, cuanto menos, interesante. Mientras que la atención tiende a centrarse en el naval y el sector industrial, buena parte de la población ignora la proyección tecnológica del área, con multitud de compañías apostando por la renovación digital de sus actividades o incluso ofreciendo servicios de naturaleza muy diversa por medio de la red de redes.

Este es el caso de Inversa, una compañía de crowdfactoring –un sector financiero con poco recorrido en España pero de gran calado en el panorama internacional– que desde hace poco más de un año ofrece sus servicios a clientes de todo el país –y algunos de Portugal y Francia– desde sus oficinas de la calle Magdalena. Este novedoso sistema de inversión podría considerarse una evolución del micromecenazgo, una forma de financiar proyectos empresariales –generalmente productos o software de diversa naturaleza, como las gafas de realidad virtual Oculus Rift o el ordenador Raspberry Pi– popularizado por portales como Kickstarter o Indiegogo. 

En el caso de Inversa, lo que los inversores financian son facturas de pequeñas compañías, adelantando su pago a cambio de unos intereses mucho más jugosos de los que ofrece un banco, con un período de retorno de la inversión más reducido y con la certeza de saber qué se está haciendo con esos fondos.

Sistema colaborativo
El sistema es sencillo en su ejecución, aunque complejo en su funcionamiento. Básicamente el potencial inversor, tras registrarse en la web de la compañía, tiene a su disposición todo un catálogo de ofertas donde participar. Al contrario de los fondos de inversión de un banco corriente, aquí se financian facturas de pymes y micropymes, generalmente locales, con una tasa de riesgo normalmente baja –en el portal no se ofertan inversiones de alto riesgo– y en muchas ocasiones con la propia administración local. Podría considerarse, por tanto, que el sistema funciona como una simbiosis: el emprendedor logra obtener los fondos para pagar a los proveedores sin tener que esperar a que sus clientes les abonen las facturas y quienes apuestan por ellos obtienen una rentabilidad superior a la de un banco.

La idea, tal y como explica el director general de la compañía, Atilano Martínez, surgió tras “detectar” la escasa presencia de este modelo en España, con empresas similares en Barcelona o Valencia, pero ninguna en la mitad oeste de la Península. “Nosotros empezamos a estudiar los modelos anglosajones y vimos que en España estaban muy incipientes” señala Martínez, al tiempo que pone en relieve la problemática de las pymes a la hora de “financiar su circulante”. “Los inversores prefieren el corto plazo al largo –apunta–; un préstamo no lo recuperas hasta pasados tres, cuatro años, mientras que en crowdfactoring estamos trabajando en plazos máximos de 180 días”.

Seguridad
Uno de los puntos clave en esta clase de operaciones es, sin lugar a dudas, la seguridad. En este sentido, Ana María Olmos, jefa de operaciones y fundadora de Inversa junto con Martínez, señala  que “como todo se realiza a través de la plataforma, el aspecto jurídico también tiene que estar adaptado al ámbito informático. Los contratos se firman en la plataforma pero tienen que tener validez jurídica y para ello tenemos la validación en dos pasos”. “Hemos introducido la tecnología Blockchain como notario virtual –continúa–; antes teníamos que pasar por el notario, porque una cesión de una factura no se puede hacer como un documento privado, pero ahora con esta tecnología no hemos tenido ningún problema ni con la administración pública ni con empresas privadas”.

“Fuimos pioneros en trabajar con administración pública” señala Berta Otero, directora de mercadotecnia de Inversa al hablar de la posición de la compañía en el mercado. “Entramos con ideas nuevas y claro, ver que reaccionan [el resto de compañías] te dice que lo estás haciendo bien”, comenta. Y es que, como explica, a día de hoy su competencia directa comienza a adoptar iniciativas que ellos tenían de base, opciones que parecían obvias pero que hasta que no fueron puestas en práctica, los “veteranos” ni las consideraban. 

Así, este éxito, esta proyección, certifica una vez más que si una idea es buena, sin importar de donde salga, siempre puede dar la vuelta al mundo.

El micromecenazgo financiero de la ciudad naval que conquista España