Reportaje | El grupo La Penela compra el chalet de Canido para convertirlo en un hotel

La propiedad dispone de una parcela de 4.000 metros cuadrados | j. meis
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Casi una década lleva desocupado el chalé de Canido, una de las construcciones más singulares del arquitecto Rodolfo Ucha en la ciudad. En los últimos años no ha habido gobierno municipal que no intentase adquirir esta propiedad de alto valor arquitectónico para transformarla en un centro cívico y darle un uso público. Finalmente no ha podido ser y el inmueble acaba de ser adquirido por un grupo inversor privado.
El lunes los herederos del chalé firmaron la venta con el grupo hostelero La Penela, que se encargará de poner en valor el inmueble transformándolo en un hotel con encanto en el que también habrá un restaurante y se organizarán eventos.
El precio de la venta no ha trascendido, aunque desde el Concello apuntan que en las últimas conversaciones con los propietarios se barajaba una cifra que ronda los 600.000 euros. Una cantidad alejada de los casi dos millones que se pidieron en su día a los concejales del PSOE y el PP, Ángel Mato y Guillermo Evia, respectivamente.
El estudio ferrolano “as built arquitectura” se encargará de dar forma al proyecto de rehabilitación del inmueble. Así lo confirmaba ayer a Diario de Ferrol uno de sus responsables, Pablo Ríos, quien destacaba la alegría que suponía para profesionales como ellos ocuparse de un “edificio de gran valor patrimonial”.
Ríos también destacó el interés del nuevo propietario en este tipo de inmuebles y que una de las premisas de las que se parte a la hora de abordar la rehabilitación del edificio de Ucha es “hacerlo con el máximo respeto por el inmueble. Esto es algo que a nosotros nos encanta, tendremos que investigar y trabajar duro para conseguir ser lo más fieles posibles a la idea original de Rodolfo Ucha”, enfatiza.
El grupo La Penela nació en el año 1989 con la apertura de un pequeño restaurante en Betanzos por parte de Antonio Simón y María Barallobre. Tres años después abrirían el buque insignia de la empresa, el restaurante La Penela, en María Pita. Posteriormente se incorporarían al negocio familiar los hijos de los fundadores. A partir de entonces el grupo empresarial no ha hecho más que crecer. Tanto es así que hoy en día tienen cinco restaurantes en Madrid, negocios en Barcelona, Bogotá y hasta en París, este último una de las propuestas más recientes.
Entre los años 1999 y 2001 La Penela diversifica el negocio con la celebración de grandes eventos y la adquisición y recuperación de edificios singulares de alto valor patrimonial como pazos. Dentro de esta línea de negocio se encontraría la adquisición del chalé de Canido, que se prevé transformar en un hotel-boutique, como se viene denominando en el sector turístico a los pequeños establecimientos con encanto que ofrecen servicios normalmente de cuatro o cinco estrellas.
Hotel con encanto
La propiedad está dispuesta en lo alto de una colina en una parcela de unos ocho ferrados (4.000 m2). Desde “as built” aseguran que el proyecto final todavía no está redactado pero que empezarán en breve, aunque sí se han hecho ya varias consultas a Patrimonio sobre diferentes posibilidades, “y se han mostrado muy colaboradores”, asegura Pablo Ríos.
Desde el estudio de arquitectura situado en Pardo Bajo también apuntan que en los exteriores del inmueble se prevé construir un espacio de juegos para niños, un aparcamiento para vehículos y una zona para comedor al aire libre. En el edificio se habilitarán entre 8 y 9 habitaciones, una de ellas con carácter principal que se ubicará en el singular torreón.
Asimismo, según apuntan desde “as built”, en la planta baja está previsto que se sitúe un pequeño restaurante que dará servicio al hotel y también a los eventos que se puedan celebrar en el conjunto, que todo apunta que el grupo inversor podría destinar a la celebración de grandes banquetes y eventos, como hace con los pazos que son de su propiedad.
En cuanto a la intervención arquitectónica, Pablo Ríos asegura que el interior de la casa “está en mejor estado de lo que puede parecer desde fuera”. Ríos lamenta que en todo este tiempo el abandono pasara factura sobre todo al torreón, donde se han producido importantes filtraciones al faltar elementos del tejado. “Aquí es en donde tendremos más trabajo”, asegura. Asimismo, explica que durante una época unos okupas se metieron en la propiedad causando daños importantes. “Había elementos muy bonitos en alguno de los baños que rompieron y también robaron algunas cosas, pero en general el edificio está en mejor estado del esperado”, destaca.
Desde “as built” confían en que el hotel pueda abrir sus puertas en un plazo de tiempo que oscila entre el año y medio y los dos, margen suficiente para finalizar el proyecto, tramitar permisos y ejecutar los trabajos. Al tratarse de un bien catalogado por Patrimonio, el departamento autonómico podría poner trabas, pero por ser un proyecto tan respetuoso con la obra original Pablo Ríos confía en no tener muchos problemas. Es más, asegura que “han mostrado gran interés por recuperar el edificio”.
Por su parte, la responsable del área de Urbanismo del Concello, María Fernández Lemos, aseguraba ayer sentir pena por no poder haber adquirido finalmente el inmueble para que formase parte del patrimonio local y transformarlo en un centro cívico como reclamaba la ciudadanía, aunque destacaba que es una buena noticia que se vaya a recuperar, aunque sea por la vía privada. “Tenemos mucho patrimonio que nos resulta muy complicado conservar con un presupuesto reducido como el nuestro. Lo importante es que un edificio como este se recupere y para ello es importante tener en cuenta la vía privada”.
Rodolfo Ucha
El vigués Rodolfo Ucha Piñeiro trabajó como arquitecto municipal en Ferrol desde el año 1909, ejerciendo su profesión en la ciudad durante siete décadas.
De entre todas sus obras, fruto de un trabajo constante, destaca este singular edificio, de estilo modernista tardío, que fue construido en los años 20 del siglo pasado a petición de un comerciante de O Seixo, Juan Sixto Vázquez. Hoy son sus herederos quienes han decidido vender la propiedad, que lleva ocho años vacía, desde que la última de las beneficiarias la desocupase. l

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