Testimonios reales para conocer cómo era la educación en el siglo pasado

Presentación de programa para escolares en la sede de A Fundación
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La sede ferrolana de Afundación, la Obra Social de Abanca, acogió ayer la segunda sesión de su programa intergeneracional “Falamos da escola”. Este se desarrolla en colaboración con las personas voluntarias del Espazo +60 y estudiantes del IES Saturnino Montojo. La iniciativa fomenta el que mayores voluntarios y estudiantes de centros escolares de toda Galicia dialoguen sobre sus vivencias a lo largo de la etapa escolar y reflexionen juntos sobre el papel que debe jugar la educación en la actualidad. 

La iniciativa se enmarca en la línea estratégica “El valor de la experiencia”, que desarrolla el Área de Envejecimiento Activo de Afundación, que tiene como objetivo ampliar las oportunidades de participación y de contribución social de las personas mayores, aprovechando su talento y su experiencia vital y profesional, a través de programas intergeneracionales y de voluntariado que beneficien a otros grupos de la sociedad. 

El ciclo se articula mediante dos encuentros entre mayores y jóvenes. El primero fue el pasado 12 de marzo y el segundo tuvo lugar ayer. Así, a través de una metodología dinámica y participativa, las personas mayores voluntarias, que ya relataron al alumnado sus experiencias escolares en un primer encuentro, trabajaron junto con los jóvenes en grupos mixtos para reflexionar sobre el papel que, en su opinión, debe tener la educación hoy en día.

Los temas que suscitaron mayor consenso entre jóvenes y mayores son favorecer la igualdad de género y de oportunidades, potenciar las habilidades personales y prepararse para una vida independiente, así como fomentar la libertad y la conciencia crítica. Todas estas cuestiones fueron las que más votaciones han obtenido hasta el momento.

La directora del IES Saturnino Montojo, Victoria Piñeiro, destacó el excelente aprovechamiento que los alumnos del centro realizan de unos encuentros “que favorecen a posta en valor da experiencia dos nosos maiores, que son un pozo de sabedoría e historia viva”. Además, asegura que esta propuesta contribuye a que se incremente en los jóvenes la curiosidad por conocer más acerca de las historias particulares de su entorno cercano, “invitando a un contexto de maior interacción cos seus avós ou familias”. 

Por su parte, Sabela Couceiro Núñez, coordinadora del área de Envejecimiento Activo de Afundación, asegura que todos los centros coinciden a la hora de destacar la gran aceptación que tiene entre los más jóvenes conocer de primera mano estas vivencias. “Todos coincidimos en que os maiores poden ser un recurso educativo non formal que temos aí ao noso carón e non debemos desaproveitar”.  

Protagonistas 
Los protagonistas de estos talleres han sido muy especialmente los voluntarios del Espazo + 60 de Afundación, que compartieron experiencias con los alumnos de 2º de ESO del IES Saturnino Montojo de Ferrol. A nivel de Galicia son 51 personas mayores las que dan forma a este programa y que participan en encuentros con casi 500 alumnos de una docena de centros educativos. En la comarca toman parte también en este programa el IES Breamo de Pontedeume y el CPI As Mirandas de Ares.

Así, ayer volvieron a reencontrarse con los alumnos del IES Saturnino Montojo los voluntarios María Ángeles Pernas García (Pontedeume, 1957); Esther Maseda Camba (Vilalba); Josefa Álvarez López (Ferrol, 1943) y Cipriana González Fernández. Esta última explicó que la experiencia también está resultando muy gratificante para ellos. En su caso particular explica que lo que más llamó la atención de los alumnos “es que comencé a trabajar muy joven, con solo 19 años”. Y es que tras iniciar sus estudios de Infantil en la escuela pública de O Couto prosiguió con su formación en Las Mercedarias, donde también obtuvo el título de Magisterio. “De repente me vi sola en un pueblo perdido y desconocido dando clases, con cuestiones que a unos jóvenes de hoy en día les puede chocar, pero antes era así, con 19 años eras una mujer hecha y derecha”, recuerda González, quien disfruta de su jubilación después de 42 años ejerciendo de maestra. Sostiene que este tipo de encuentros sirven para que los estudiantes comprendan cuestiones como valores y respeto, hoy tal vez un poco descuidados.

Si es llamativa la historia de Cipriana González no lo es menos la de Josefa Álvarez. Nacida en 1943 fue la segunda de nueve hermanos y quedó huérfana muy jóven, motivo por el que debió hacerse cargo del resto. Su experiencia escolar por tanto fue escasa e irregular. Fue a la sección conocida como “escuela de pobres” del colegio Cristo Rey, pero tan equipadas como las regladas. No llegó a aprender a leer  ni a escribir y aunque, cuando fue madre intentó aprender junto a sus hijos, no lo consiguió. No fue hasta que se jubiló que lo logró en el taller cultural del Espazo +60 de Afundación.

Los inicios escolares de Esther Maseda tampoco fueron sencillos. Se crió en un entorno muy humilde en Vilalba. Recuerda cómo para llegar a la Escuela Unitaria de Lousada tenía que caminar más de una hora por medio del monte. Y que recibía una educación propia del franquismo; que rezaban y cantaban “Cara el sol” todas las mañanas. Por su parte, María Ángeles no guarda buen recuerdo de aquellos tiempos, en los que eran habituales los castigos físicos y los insultos por parte del profesorado si no sabías la lección.

Testimonios reales para conocer cómo era la educación en el siglo pasado