“Hacer apología de lo cotidiano es un discurso que ya no me sirve”

Óscar D’Aniello y Helena Miquel, en la imagen, con Dani Acedo, forman Delafé y las Flores Azules
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Delafé y las Flores Azules actúan el sábado en Ferrol dentro del ciclo de conciertos Sons do Jofre (15 euros por anticipado, 18 el mismo día). Presentan su nuevo disco, “De ti sin mí/De mí sin ti”, un proyecto en el que experimentan con la música y lo que aporta a las letras, repitiendo los temas en dos cedés, optando por uno “alegre” y otro “triste”. Además incluyen un DVD en el que se recoge el viaje en bicicleta que hicieron a Italia para depositar las cenizas del padre de Óscar D’Aniello (Delafé) en el lago Como, en su pueblo natal.

¿Cómo es vuestro directo?
Es un concierto muy enérgico, la primera parte dura algo más de una hora y no hay ningún parón. Físicamente es muy exigente porque no paramos de bailar y saltar, pero bueno, la idea de nuestro directo siempre es ir a cargarle las pilas a la gente.

¿Y la segunda parte?
La segunda parte es más de lo mismo pero al menos hemos podido descansar cinco minutos y cambiarnos de ropa porque yo acabo... en cada concierto pierdo dos kilos de peso. Bebe mucho nuestro directo, o al menos lo pretende, del feeling que te da la música negra en vivo, lo positivo, el crear movimiento, y así como en el disco tenemos algunas canciones más tristillas, en el directo tocamos todas las que son cañeras. Venimos con banda, batería, bajo... en formato rock&roll, como si dijésemos. Esta gira es más rockera que la anterior incluso porque yo también toco la batería en algunas canciones. Nuestros conciertos son más analógicos que nunca.

¿Al directo, entonces, no se traslada el concepto del disco?
El disco, digamos, triste, lo hicimos porque nos apetecía y es para escuchar en casa pero no lo llevamos al directo, solamente tocamos un tema, lo demás son canciones del alegre. Después llevamos temitas de cada uno de los tres anteriores.

Triste quizá no sea una buena palabra para definirlo, porque en vuestras canciones hay luz, no provocan depresión.
Sí... no es Nacho Vegas pero tampoco es Nena Daconte. Creo que se ha encrudecido un poco nuestro mensaje, pero siempre intentamos ver el vaso medio lleno. Han cambiado mucho los tiempos también. Antes yo escribía para concienciar a la gente de la importancia de lo cotidiano, hacía apología. Ese discurso ahora ya no me sirve. No es lo mismo la España del 2005 que la del 2013. Ha cambiado todo mucho y también la manera de escribir de las personas. Llevamos diez años y vamos variando en cada disco.

Comentas que el último es un disco sobre la pérdida, una pérdida personal que desencadena el proyecto pero también de la sociedad, con la crisis.
Como dices, una pérdida de valores, de ilusión, de derechos. Creo que aún no somos conscientes. Los políticos que tenemos nos están quitando cada vez más derechos y como que lo estamos asimilando muy bien. Deciden poner un IVA que alucinas y que se carga todo el sistema cultural de un país y también lo consentimos. Precisamente hace una semana había una manifestación en la plaza del Ayuntamiento de Barcelona y la verdad es que fuimos cuatro gatos. Te vas al bar y todo el mundo está opinando, pero cuando toca mojarse un poco y salir ahí... yo conté cuatro amigos. Es un poco pérdida incluso de darte cuenta de cómo somos. Da la sensación de que si esto se solucionase volveríamos a caer en lo mismo. Yo estoy mucho más pesimista que hace unos años porque creo que toca, hay que estar preocupado.
 

Mencionabas a Nacho Vegas, que colabora en el disco. También Señor Chinarro. Con esos referentes, está claro que las letras no son una cuestión que dejes al azar.
En el grupo yo me dedico sobre todo a las letras y a buscar el concepto del disco. Casi siempre empiezo por el título, que engloba todo de lo que quiero hablar, le doy mucha importancia. Nacho Vegas y Chinarro son gente a la que llevo siguiendo desde que empezaron su carrera. He crecido con ellos, escuchándolos a veces más y a veces menos. Fue un regalazo que quisiesen participar en el álbum.

¿Y cuál es el concepto de este último trabajo?
Había varios, por una parte estaba el hecho de mostrar que según cómo tú musiques una palabra te cambia totalmente el feeling. Tú puedes escribir un poemita o una frase y si le dijeses ese poema a todos los músicos del mundo, ninguno tocaría igual. Nos gustaba mucho el experimento de hacer un disco triste y un disco alegre diciendo lo mismo. Y por otra parte también queríamos hablar de que la vida no es todo en blanco y negro, que siempre se puede ver, como mínimo, desde dos prismas.

Sacáis un disco doble con DVD. ¿El futuro del soporte físico es ofrecer algo más de lo que puedes conseguir por internet?
Sí, aunque cada vez lo pienso menos también, porque tampoco se ha vendido mucho (ríe). Va tan rápido internet que no nos da tiempo ni a buscar estrategias. Yo soy el primero que ya no me compro música, solo los discos de mis amigos por una cuestión romántica de respeto hacia ellos. Vivo en un piso de 30 metros cuadrados y tengo 3.000 y pico discos que al final los llevé a casa de mi madre porque ya no los ponía nunca. El ordenador es mucho más cómodo. No sé exactamente hacia dónde va esto, pero lo que sí que sé es que no puede ser gratis la cultura. Eso es lo que deberíamos entender todos porque no es gratis ni una barra de pan. Creo que los que tendrían que empezar pagando son los señores Movistar o los señores Jazztel, que nos dan la herramienta para hacer la trampa y son los que cobran más. Ellos tendrían a lo mejor que pagar un canon. Eso, de momento, es lo único que veo un poco claro.

“Hacer apología de lo cotidiano es un discurso que ya no me sirve”