Sobre la historia del centro en España (I)

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La idea de “centro” en política, como es sabido, no es reciente. Ni mucho menos. Solo faltaría. Procede, como tras muchas realidades políticas, de Aristóteles, de su doctrina del justo medio. Entre nosotros, Balmes escribió hace tiempo que “determinar la forma de gobierno más conveniente para un país, es encontrar el medio de hacer concurrir en un punto todas las fuerzas sociales, es hallar el centro de gravedad de una gran masa para ponerla en equilibrio”. Podría tal vez escudriñarse aquí alguna idea de las que constituyen lo que denominamos pensamiento centrista, pero no deja de ser un bosquejo germinal, sin un desarrollo insuficiente, y sobre todo, formulado en un momento en que las circunstancias socioeconómicas e intelectuales no eran las adecuadas para un desarrollo del concepto centrista.. Algunos antecedentes pueden encontrarse en Jovellanos, Canovas del Castillo, Ortega y Gasset, Marañón o Fraga Iribarne.

Desde el punto de vista de la historia de las ideas políticas, Benigno Pendás ha buceado en los posibles orígenes doctrinales del llamado centro reformista. Para él existen varias y atractivas líneas de investigación, desde la clásica teoría del régimen mixto como la mejor forma de gobierno según la literatura grecorromana hasta las primerísimas figuras de Locke o Montesquieu.

Sin embargo, Pendás entiende que Jeremy Bentham y el pensamiento utilitarista bien pueden encontrarse en los fundamentos ideológicos del centro reformista, expresión que en España recibe, desde fechas muy recientes, el espacio político de centro en cuanto vinculado a un determinado partido político. En este sentido, una simplificación muy al uso del pensamiento utilitarista nos llevaría a una versión del centro como espacio político al socaire y al vaivén de los avatares y coyunturas, sin criterios y sin principios. Y, por lo contrario, como recoge Pendás, más que el utilitarismo, el “benthamismo” es un talante, un proyecto de sentido común, y no una quimera o remedio universal de todos los males, porque acepta que la naturaleza humana es falible y limitada, pero también racional y perceptible; ingredientes que, como veremos, se encuentran en los basamentos de este nuevo espacio político. Junto a ellos, según entiende Pendás, la condición natural -parafraseando a Bentham- es susceptible de mejora a través de una reforma paulatina, cuya aplicación exige que el Derecho y la Política sean establecidos a partir de bases realistas y no de técnicas ficticias. Realismo, condición limitada del hombre y uso de la razón, serán, insisto, características que se encuentran en el meollo del centro político.

Igualmente, parecen del mayor interés, por la semejanza con la fuerza que actualmente todavía tiene el tecnosistema, los comentarios de Benigno Pendás sobre la pretensión de Bentham de garantizar la objetividad y la publicidad en el tratamiento de los asuntos públicos, tarea imprescindible en épocas en que la tecnificación tiende a convertirlas en “arcana imperii”.

, reducto de sedicentes minorías ilustradas, que hacen peligrar la libertad individual. En este sentido, Bentham proclama, para lo que ahora interesa, el principio de “mayor felicidad para el mayor número”, principio, al decir de Pendás, trata de la búsqueda de conciliar los intereses individuales con el interés general y sirve también para rechazar los intereses particulares, parciales, corporativos o de fracción, que se interponen sin causa justificada entre lo público y lo privado

Sobre la historia del centro en España (I)