Una afición de diez para un equipo de diez

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El racinguismo vivió con tal expectación, emoción y devoción esta promoción que el ascenso era el único premio posible, el único resultado justo, para una ciudad ilusionada de nuevo con su equipo.

El medio millar de aficionados desplazados a Jaén no fue más que la punta de lanza de una marea verde que, repartida entre el estadio de La Victoria y un sinfín de locales de hostelería de la ciudad, sufrió con tesón un partido agónico y celebró con entusiasmo un resultado que devuelve al Racing a Segunda División B.


Pocas veces una derrota fue tan dulce como la encajada ayer por un equipo que estuvo arropado toda la temporada por una afición que ayer volvió a estar de diez. Fue una jornada larga –muy, muy larga– para los que tuvieron la suerte de vivirla en tierras jiennenses, con muchos kilómetros a la espalda y pocas horas de sueño, con mucho calor y todavía más nervios. Una de esas jornada que, como siete días atrás en la ciudad naval, demostró que aficiones rivales no tienen que ser enemigas y que, allá por donde pasan, Ferrol puede estar orgulloso de los seguidores racinguistas.

Acomodados en una de las curvas del estadio de La Victoria, soportaron estoicamente los peores minutos de la escuadra verde, no flaquearon con el gol en contra, arroparon a los suyos hasta devolverlos de nuevo al partido y disfrutaron, como bien se merecían, cuando las cosas se pusieron de cara. Trufando los bares y terrazas de Esteiro, el puerto o el centro, a novecientos kilómetros, en Ferrol, el partido se siguió con idéntica emoción.

La tensión contenida se desbordó con el pitido final que realmente supuso el comienzo de una fiesta en la que, afición, jugadores y cuerpo técnico, con un emocionado Larraz a la cabeza, volvieron a demostrar una comunión clave en los éxitos que esta campaña ha vivido el equipo verde.

Una afición de diez para un equipo de diez