miércoles 08.07.2020

Recuperar Sanidad

o lo verán nuestros ojos. Pero una de las muchas lecciones que la pandemia nos está dejando es que mejor antes que después habrá que recuperar para el poder central toda una serie de competencias básicas en Sanidad. Y es que una descentralización tan extrema como institucionalizada en nuestro país ha derivado en un Estado deshuesado y mínimamente eficaz no sólo para hacer frente a una crisis de gran calibre como la presente, sino para asuntos de administración ordinaria.
El problema es que si antes Sanidad ya era un Ministerio débil, ahora lo es mucho más con la fragmentación en Asuntos Sociales, Igualdad y Consumo que hubo de hacerse para atender la cuota de Podemos en el Gobierno de coalición. Si antes el presupuesto de Sanidad rondaba los 480 millones de euros, ahora le han quedado 120 millones; esto es, una cuarta parte de los recursos pasados e infinitamente menos que cualquier gran Ayuntamiento. 
A pesar de todo, se entregó el teórico mando sanitario único de la crisis y se centralizó todo el operativo en ese departamento venido a menos; en un Ministerio sin músculo operativo ni estructura administrativa adecuada; en unos funcionarios que a pese a su buena voluntad y su trabajo a destajo, llevaban, por ejemplo, veinte años sin hacer compras internacionales. Otro gran error de Pedro Sánchez, derivado tal vez de la escasa conciencia por su parte de lo que se venía encima.
Lo que sucede es que no escarmienta ni saca las debidas lecciones de las experiencias debidas. El Gobierno es un magma de confusión también informativa. En el mismo día el ministro Ábalos desmiente a la portavoz Montero sobre el tiempo que habrá de durar el confinamiento. Y el jueves, el proprio Sánchez lo hace con uno y otra alargando la cuarentena hasta el 11 de mayo.
Para las comunidades autónomas, el heroico tiempo vivido será una pesadilla y un recuerdo difícil de olvidar. Pero el espectáculo contemplado desde fuera, con las Administraciones regionales arreglándose la vida por su cuenta ante la falta de eficacia del Gobierno central; contando contagiados, inmunizados y fallecidos sin un protocolo unitario (los datos fiables son vidas, se ha dicho) y comprando suministros básicos por aquí y por allá como buenamente han podido, no ha sido ni pequeño ni edificante. 
Les quedará el consuelo moral y político de haber sido eficaces en la medida de sus posibilidades. Y más eficientes incluso que el teórico poderoso Gobierno central. Pero ello no debe ser óbice para ser conscientes también de que con tal desparrame de competencias en prácticamente todo no se puede funcionar no ya en las grandes crisis, sino en la vida política ordinaria; que con un Estado en chasis, sin capacidades reales en atenciones superbásicas como sanidad, enseñanza y dependencia, un país ni es igualitario ni funciona como debiera. 
Habrá que recuperar competencias. Pero, como digo, no lo verán nuestros ojos.

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