viernes 27/11/20

Queridos hijos

Para cuando ya no estemos, quizás, nos echéis de menos. Nosotros, mientras somos, no queremos echaros en falta. Necesitamos vuestra presencia.

Estos días de nostalgias y esperanzas, de recuerdos y lecturas, relecturas y reflexiones me pareció oportuno reescribir retales plasmados en papeles viejos pues los que permanecemos en los orígenes, guardianes de los legados, queremos, necesitamos, vuestro aliento, de los que estáis y de los que os fuisteis, para afrontar un nuevo año con viejos problemas. 

Decía entonces que con el solsticio de invierno celebramos la Navidad, época de volver a los orígenes que no queremos ni podemos olvidar. Igual que de aquella, me reconforta releer lo que creo que somos en los oportunos versos de Ángel González, “para que mi ser pese sobre el suelo, fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo: hombres de todo mar y toda tierra, fértiles vientres de mujer, y cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo”. 

A semejanza de las especies animales que vuelven una vez a donde se inició todo, los humanos necesitamos volver, año tras año, a nuestro primer hogar, a la familia querida y a la repudiada, a los amigos íntimos y a los conocidos evitables. 

Estos días oímos el lamento callado de los que perdieron a sus seres queridos, sus raíces o sus secuelas, refugiándose en sí mismos ausentes a todo, pidiendo consuelo en su mirada sin comprender que lo perdurable es la memoria, diariamente transmitida a los hijos, de los que esperamos “no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados” para que sostengan “una herencia grandiosa”, como recita el Discurso a los Jóvenes.

Algún día, también vosotros dejaréis atrás la juventud y disfrutaréis de la templanza, enseñanza y experiencia que da lo vivido y será vuestra la responsabilidad de mantener a buen recaudo los legados que cayeron en vuestras manos casi sin haberos dado cuenta, para transmitírselos enriquecidos a vuestra descendencia. Y así, deseamos que ocurra por siempre.

Si comprendéis así la vida, aunque nos echéis de menos cuando ya no estemos, la ausencia será menor pues estaremos en vuestra razón, incluso con nuestros defectos que seguro corregiréis en vosotros.

Pero ahora, mientras estamos, os necesitamos. Queridos hijos, os amamos.

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