sábado 19.10.2019

Colaboración necesaria

oincidiendo con la XVII Semana Europea de Regiones y Ciudades que se celebra en Bruselas, Eurostat publicó las estadísticas de análisis comparado regional. 
Lejos de mi intención realizar un análisis de las diferentes aristas de la información socioeconómica suministrada por la oficina estadística de la Unión Europea. Solo me quedo con uno de los valores que resume la evolución comparada, el PIB por habitante en los últimos diez años, coincidente con el periodo desde explosión de la última crisis económica global hasta la teórica salida de la misma.
Centrándonos en Galicia, constatamos que permanecemos casi invariantes en relación a la media europea. Y menos mal, porque hay otras comunidades españolas que empeoraron en el último decenio. Claro que no es para echar las campanas al vuelo, pues, como sucede en el conjunto de Europa, también en España las regiones económicas más ricas a cada paso se distancian más de las menos desarrolladas, abriendo una brecha difícil de superar en el corto plazo.
Vivimos en un área con una población alarmantemente envejecida, una de las causas y, a su vez, consecuencia de las dificultades socioeconómicas que nos caracteriza. Incluso, dentro de la Comunidad se produce una diferencia palpable entre la Galicia costera y la del interior en detrimento de esta última.
Aunque hay algunos sectores que quieren abrirse paso en la economía globalizada, y hasta lo consiguen, la realidad es que son minoría. 
Si nos centramos en la industria, vemos que este último decenio perdió peso en el conjunto de la economía, siendo un sector imprescindible para el desarrollo económico. En estas últimas fechas, los hechos nos dibujan un panorama desolador, ya sea por la crisis de Alcoa, la enésima quiebra del naval de Vigo o las consecuencias en el sector energético de las políticas medioambientales. Aún enciman, ya asoma la patita del Brexit amenazando al sector pesquero gallego con serios problemas que le pueden acarrear una nueva crisis.
Ante esta situación, ahora que el Gobierno de España no lo preside el Partido Popular, es inaudita la postura de la Xunta de Galicia acusándolo de todos los males que padecemos, en vez de procurar la colaboración institucional para intentar dar la vuelta a las pesimistas previsiones que se ciernen sobre nosotros. Por supuesto, tiene su parte de culpa pero no hay fórmula mágica para solucionarlo más que el diálogo entre todos los actores implicados en el remedio. 
Por eso, es encomiable el esfuerzo del Alcalde de As Pontes y Presidente de Diputación para implicarlos a todos en el trabajo conjunto. Que cunda el ejemplo. Falta nos hace.
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