jueves 17.10.2019

Insuperable

Allá a finales de 2011 debía de estar quien suscribe en la luna;

Allá a finales de 2011 debía de estar quien suscribe en la luna; de lo contrario, no tiene explicación cómo no enterarse hasta ayer, recibido por whatsapp, de la existencia de lo que a continuación se comparte en atención a aquellas personas que tampoco se hayan enterado de la existencia de semejante joya literaria... Jejeje... 
Un escrito a propósito de una sentencia dictada ese año y por la cual se vilipendió al juez Juan Del Olmo, a la sazón magistrado de la Audiencia Provincial de Murcia, como si fuese éste el único autor de dicha sentencia. Una frase fuera de contexto y faltando a la verdad para lucirla como llamativo titular hizo que nada menos que la agencia EFE de noticias emplease formas periodísticas de las ahora llamadas “fake news” y se divulgase a velocidad de la luz, impulsada por quienes se prestan a leer, opinar, ampliar con cosecha propia y expandir cualquier tipo de información sin contrastar.
Aquella confusión, vamos a llamarle benévolamente así, dió lugar a la pieza compartida que sigue más abajo pero antes conviene dejar bien claro que el único afán es hacerles pasar un rato, sin ánimo de remover lo que no procede puesto que, como queda dicho, ni la sentencia fue fruto exclusivo del juez, quien no fué más que un ponente de tres; fueron tres los magistrados de la Audiencia Provincial de Murcia quienes motivaron dicha sentencia. Ni tampoco era verdad que en ella se contuviese lo afirmado por la agencia EFE en el titular, negligentemente multiplicado e inflado por otras cabeceras, por otros informadores, opinadores, espontáneos de las redes y marujas y marujos en general, participantes habituales todos del deporte nacional de darle a la húmeda sin cotejar.
Hay sentencias que no hay Dios que las entienda, pero no parece que sea este el caso; una simple lectura pausada... y no parece que desprenda las incongruencias de otras que rezuman los habituales corta-y-pega (sí, sí, no se pasmen; habituales corta-y-pega). De hecho, todas las asociaciones de jueces, progresistas y conservadoras, han estado de acuerdo en aprobar la actuación de la Audiencia Provincial de Murcia. Pero antes de que esto sucediera y se aclarase para quien quisiera darse por enterado, claro está, alguien al albur de aquella marejada provocada por un titular que afirmaba que “El juez Del Olmo considera que llamar “zorra” a la esposa no es un insulto” redactó el siguiente escrito:
El motivo de esta misiva no es otro que el de solicitarle amparo judicial ante una injusticia cometida en la persona de mi tía abuela Felicitas y que me tiene un tanto preocupada. Paso a exponerle los hechos:
Esta mañana mi tía abuela Felicitas y servidora nos hemos cruzado en el garaje con un sujeto bastante cafre que goza de una merecida impopularidad entre la comunidad de vecinos. Animada por la última sentencia de su cosecha, que le ha hecho comprender la utilidad de la palabra como vehículo para limar asperezas, y echando mano a la riqueza semántica de nuestra querida lengua española, mi querida tía abuela, mujer locuaz donde las haya, le ha saludado con un jovial “que te den, cabrito”.
Se ha puesto como una energúmeno, oiga. De poco me ha servido explicarle que la buena de mi tía abuela lo decía en el sentido de alabar sus grandes dotes como trepador de riscos, y que en estas épocas de recortes a espuertas, desear a alguien que le den algo es la expresión de un deseo de buena voluntad.
El sujeto, entre espumarajos, nos ha soltado unos cuantos vocablos, que no sé si eran insultos o piropos porque no ha especificado a cuál de sus múltiples acepciones se refería, y ha enfilado hacia la comisaría más cercana haciendo oídos sordos a mis razonamientos, que no son otros que los suyos de usted, y a los de mi tía abuela, que le despedía señalando hacia arriba con el dedo corazón de su mano derecha con la evidente intención de saber hacia dónde soplaba el viento.
Como tengo la esperanza de que la denuncia que sin duda está intentando colocar esa hiena -en el sentido de que es un hombre de sonrisa fácil- llegue en algún momento a sus manos, le ruego, por favor, que intente mediar en este asunto explicándole al asno -expresado con la intención de destacar que es hombre tozudo, a la par que trabajador- de mi vecino lo de que las palabras no siempre significan lo que significan, y le muestre de primera mano esa magnífica sentencia suya en la que determina que llamar zorra a una mujer es asumible siempre y cuando se diga en su acepción de mujer astuta.
Sé que es usted un porcino -dicho con el ánimo de remarcar que todo en su señoría son recursos aprovechables- y que como tal, pondrá todo lo que esté de su mano para que mi vecino y otros carroñeros como él –dicho en el sentido de que son personas que se comen los filetes una vez muerta la vaca– entren por el aro y comprendan que basta un poco de buena voluntad, como la de mi tía abuela Felicitas, para transformar las agrias discusiones a gritos en educados intercambios de descripciones, tal y como determina usted en su sentencia, convirtiendo así el mundo en un lugar mucho más agradable.
Sin más, y agradeciéndole de antemano su atención, se despide atentamente, una víbora (evidentemente, en el sentido de ponerme a sus pies), enviándole mis más respetuosos saludos a las zorras de su esposa y su madre”. 
Risas aparte, es de justicia enfatizar que la sentencia recoge literalmente la frase pronunciada por el acusado, que fue: “Dile a tu madre que va a tener que ir como las zorras, mirando por la calle para adelante y para atrás, porque en cualquier momento la voy a matar y la voy a meter en una caja de pino”. La frase es una clara amenaza de muerte pero el término “zorra” no fue utilizado como insulto y la abogada de la esposa estuvo de acuerdo.
Por lo demás, no digan...; el escrito es... ¡insuperable!
 

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