lunes 28/9/20

El problema con las drogas

Entre los desafíos a los que se enfrenta el colectivo humano, el consumo de drogas está entre los más prioritarios. Porque no solo produce pérdidas de vidas, sino también de talentos, de genios, de creatividad, de dones, de personas que podrían haber hecho grandes aportaciones a la sociedad y finalmente sus regalos se quedan en nada. 

Tal como dijo Allen Ginsberg: “He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la locura”. Y es que el problema con las drogas, es un indicador de que algo no va bien en la salud mental de la población; no son un enemigo aislado, sino el efecto de una causa más honda. 

Porque en una sociedad saludable, tal problema no podría germinar, del mismo modo que un germen patógeno no tiene nada que hacer en un organismo cuya salud sea robusta. Y es debido a la insalubridad psíquica de nuestra sociedad, por lo que el problema de las drogas tiene tanto impacto;

-La edad de inicio al consumo de drogas ronda los 13 años.

- Se estima que más de 500.000 personas mueren anualmente por las drogas.

-Entre el 23% y el 43% de los accidentes de tráfico está causado por drogas.

-El narcotráfico genera 650.000 millones de dólares al año.

Algo que resta mucha consciencia es que las hayamos dividido en “legales e ilegales”. Tampoco ayuda que esta legislación varíe de unos países a otros. Todo esto impide divisar la verdadera magnitud del problema. 

Porque si se lograse la perspectiva completa, esta sería aún más incómoda, y se comprendería también que incluso los fumadores, los bebedores “sociales”, o quienes tienen a la farmacia por el proveedor de estupefacientes, forman parte de la misma panorámica. 

No obstante, ya hemos expuesto el aspecto visible del problema, y ahora es el turno de analizar sus orígenes. Empezaremos por señalar que es nuestro estilo de vida desbalanceado el que nos conduce a la locura, la cual no es más que la inestabilidad entre los distintos cuerpos que dan forma al ser humano; físico, mental, emocional y espiritual.

Y como resultado, este desequilibrio busca expresarse; adicción a los antidepresivos, alcohol, tabaco, cannabis, cocaína… E incluso al juego, sexo, trabajo... No es esto más que un intento del ser interno por mostrar a la personalidad que algo no va bien en el delicado engranaje de su universo interior, y que uno debería atender varios asuntos urgentes consigo mismo. 

Y cuanto mayor es la demora en atender esa solicitud, con mayor gravedad se expresa. De aquí se deriva lo frecuente que es abandonar una adicción, y tener recaídas posteriores. A menudo, esta ni siquiera llega a abandonarse nunca. Porque se está tratando de remediar la consecuencia del problema, en lugar de su causa.

Volviendo al símil del cuerpo sano, ¿qué sentido tiene estarse “curando” de los catarros todos los inviernos, si a lo largo del año se mantiene la ausencia de salud del cuerpo físico? De todos modos, esta actitud tuerta es de lo más famosa; atiende los síntomas pero no atiendas la causa que los ha provocado. 

Se habla de rehabilitar a los adictos para volverlos a integrar en la sociedad. Pero, ¿qué sociedad? Si esta está demente se mire por donde se mire. Porque el desequilibrio afecta al colectivo humano completo. El individuo que padece “un problema con las drogas” está expresando para todos los demás el resultado de vivir en un entorno desequilibrado, en un sistema corrupto que no respeta a la vida, ni al ser maravilloso que es el ser humano. 

Y de muchas formas hemos sido llevados a vivir así. Porque son voluntades ajenas a las nuestras quienes deciden cómo han de ser nuestras vidas y cómo hemos de comportarnos. A dónde hemos de dirigirnos como especie. En qué nos está permitido pensar, y qué temas son tabú o incluso ni siquiera existen. Qué parcelas de la realidad estamos autorizados a frecuentar, y cuáles nos están completamente vetadas. Qué descubrimientos científicos tienen difusión en los medios de comunicación, y cuáles son silenciados. Qué es lo que hemos de consumir, y qué es lo que ni siquiera sabemos que existe como alternativas. Etc.

Esta es la principal causa del desequilibrio; no somos nosotros, como individuos, quienes estamos llevando las riendas de nuestras vidas. Siempre hay alguien tomando las decisiones por detrás de nosotros. El gran desafío al que la humanidad se enfrenta es la autoridad. Porque a lo largo de la historia se ha terminado por delegar el poder individual a esferas tan alejadas de nuestra influencia, que ahora ni siquiera sabemos en dónde reclamarlo. 

Y es por ello que la humanidad vaga perdida. Siendo llevada a producir en bucle las mismas notas disarmónicas. Y de esta situación se deriva “el problema de las drogas”, lo mismo que se derivan la depresión, la ansiedad, los suicidios, el “estar quemado”… Las innumerables manifestaciones del único problema. Y que seguirán multiplicándose, como plagas, mientras este no sea atajado desde su raíz. 

Por último, el tema es bastante más complejo, y he tratado de ceñirme a lo esencial: que el consumo de drogas responde a la falta de sentido de existir en una sociedad vacía de sentido. A un intento desesperado de hallar la cordura en un mundo donde esta brilla por su ausencia. E invito a quien le interese indagar en esta perspectiva, la lectura del tratado “Drogas: Adicción e Iniciación” de Luigi Zoja. 

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