miércoles 20.11.2019

Los estudios de Derecho

s bien sabido que la formación jurídica que se imparte en las Facultades europeas es deudora de la tradición positivista que dominó desde el siglo XVIII la aproximación al Derecho en el viejo continente. Seguramente, nuestro subconsciente jurídico opera, incluso sin que nos demos cuenta, en un contexto en el que como nos descuidemos, también el pensamiento único, en este ámbito, causa sus estragos, sobre todo en las razonables demandas de justicia que el imperio, y tantas veces, el dominio de la forma y el procedimiento proyecta sobre el entero sistema jurídico.

Por ejemplo, entre nosotros la jurisprudencia y los principios generales siempre han tenido un cierto carácter polémico en lo que se refiere a su condición de fuente del Derecho. Sobre todo, porque el pensamiento único prefiere amarrarse a unos prejuicios que tantas veces no son más que la manifestación exacta del imperio, y dominio, del poder sobre el Derecho, argumentándose tantas veces con el recurso a las mayorías, como si en la reciente historia del siglo pasado no haya testimonios bien elocuentes de lo que son capaces de hacer las mayorías bajo el yugo del totalitarismo.

Por ello, pienso que debemos reparar en la cuestión de la fundamentación del Derecho, buscando aproximaciones que subrayen los derechos fundamentales de la persona y la vertiente ética y moral de la práctica del Derecho por todos los operadores jurídicos.

En este contexto se insiste en el conocimiento del Derecho como saber instrumental enmarcado en la búsqueda constante de la justicia, planteamiento hoy no muy practicado, valga la redundancia, en la “práctica”, puesto que no pocas veces brilla por su ausencia la dimensión ética y dónde con tanta frecuencia el fin justifica los medios. Por eso, el ejercicio del Derecho no puede desconectarse de la protección de los derechos humanos derivados de la dignidad de la persona, derechos que, lo sabemos, no son creación del Estado. Más bien, el Estado debe reconocerlos y facilitar su ejercicio.

En una de estas nuevas Facultades recientemente creadas se recuerda algo que suena hoy muy nuevo pero  un jurista entiende muy bien: las fuentes del Derecho no están sólo en la política, sino también se encuentran en la historia, en la naturaleza humana y en el orden moral del universo.

En el fondo, me parece que detrás de esta perspectiva más abierta y humana  se encuentra la preocupación por evitar que la escisión entre el Derecho y la Moral siga dando argumentos para justificar decisiones inmorales, planteamientos insolidarios; en definitiva, cuando el Derecho y la Moral campan cada uno por su cuenta, entonces el Poder siempre gana al Derecho, porque  se convierte en su vasallo más sumiso. En cambio, cuando la dignidad de la persona se erige en fundamento del Derecho, entonces el Poder no tiene más remedio que operar en un ambiente en el que existen límites a su ejercicio

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