jueves 29/10/20

Semejanzas y diferencias

Con frecuencia en este país se mezclan churras con merinas. Como dice un amigo, hay demasiado papanatismo enlatado. 

Se dijo que Vox en las últimas elecciones recibió votos  incluso de los socialistas, lo cual pudo ser cierto. Aunque a decir verdad no debieron ser muchos los socialistas que lo votaron, pues la mayoría de sus militantes son de izquierda; más de izquierda que algunos de sus dirigentes.

En todo caso, la idea de este artículo no es hacer una “necropsia” del socialismo español, sino aclarar las diferencias que hay entre la ideología fascista y la de extrema derecha, porque, aunque puedan parecerlo, no son iguales. Lo que ocurre es que tanto la izquierda como la derecha de este país usan ese término alegremente, según convenga. A saber, la derecha le llama fascistas a los independentistas y la izquierda a los de Vox. Y eso no es serio.

Definir el fascismo es complicado. Y lo es porque no existe una idea sistematizada como hay en otras ideologías. Empezando porque parte de una visión social, política y económica muy diferente a la que tiene en su agenda la extrema derecha, su proyecto consiste en construir un estado elitista, corporativo, social, republicano y totalitario. Como decía Benito Mussolini, “todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”. 

Pero la diferencia más profunda estriba en la parte social. Aunque el fascismo favorece a las castas como hemos dicho, al mismo tiempo que lo hace, y aunque parezca una grosera contradicción, también promueve la ampliación de las clases medias en la medida de lo posible. Cosa que le trae al pairo, al ser lacayos del orden neoliberal internacional, a los políticos de extrema derecha. Esa es la razón por la cual el poder financiero recibe con júbilo a los partidos de extrema derecha, rechazando rabiosamente a los de corte neofascista. 

La razón de ese rechazo es que el fascismo en estado puro, aunque sea de una manera retorcida, extravagante incluso, asume algunos de los supuestos sociales de la socialdemocracia, cosa que no está en el vademécum político de la extrema derecha. Lo que sí tienen un gran parecido es a la hora de usar ciertos aquelarres para seducir a los descontentos, como la exaltación de los “valores” nacionales, reales o ficticios, o la utilización del miedo para construir un enemigo. En eso prácticamente son iguales.

Con esto lo que uno trata de explicar es que, aun aceptando que existen ciertos parecidos entre esas dos visiones políticas, también hay grandes diferencias de fondo entre ellas. Porque no es lo mismo, por poner un ejemplo, la Falange de Primo de Rivera que la ideología de los de Vox. La primera era fascista, porque aunque fuera a la “manera española” cumplía con los requisitos indispensables para serlo. Por eso, algunos historiadores dicen que lo que se implantó en España después de la guerra no fue un régimen fascista en el sentido estricto de la palabra, sino un revoltijo político-religioso llamado nacional-catolicismo. Y las disensiones habidas en el seno de la Falange Española así lo corroboraron. 

Los falangistas  que siguieron apoyando a Franco después de la guerra se fueron alejando lo más  pronto que pudieron de los postulados de su fundador. Algunos lo hicieron por miedo, otros, los más, por oportunismo político, algo muy español. Y los que no aceptaron la nueva situación fueron, en el mejor de los casos, expulsados o encarcelados, acabando los más desafortunados delante de un pelotón de fusilamiento por “rojos”. Pero esa es otra historia.

Por lo tanto, aunque los de Vox utilicen cierta parafernalia neofascista, poco o nada tienen que ver con esa ideología. Como dijo el ex fascista y ex militante del PP, Jorge Verstrynge “¡qué más quisieran ellos!”. Por otro lado, teniendo en cuenta que el franquismo no era demasiado neoliberal, se podrían catalogar a los Abascal como unos “franquistas sociológicos”.

El tema da para mucho. Podríamos continuar analizándolo desde diferentes ángulos, aportando más ejemplos, pero se necesitarían varios artículos más. Y no se trata de eso. Lo que está claro es que no son ideologías iguales. Y en algunas cosas ni siquiera parecidas. 

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