domingo 9/8/20

Si bebes no conduzcas

Hay canciones que nos quedan por un motivo u otro instaladas para siempre en nuestra memoria.

Hay canciones que nos quedan por un motivo u otro instaladas para siempre en nuestra memoria. Son parte de nuestro recorrido por la vida, nos acompañan, emocionan, nos hacen sonreír y también llorar. Son esas canciones que muchas veces hemos escogido sin quererlo, porque era el éxito de ese momento, porque con la letra nos identificábamos o sencillamente porque alguien especial nos la dedicó. Pero hay otras que por medio de la gran maquinaria de la publicidad, que no tiene otro fin que inducirnos a la compra, como ganado al matadero, bien explícitamente o por los llamados mensajes subliminales, donde no nos lo dicen pero consiguen que nos impacte. Y dentro de ese mundo de los spots sobre todo en la televisión aparece la DGT.
Una de esas canciones que ahora al escucharla, asociamos a la DGT, y no porque fuera el tema de la película The Woman in red, es el tema de Stevie Wonder: Don’t drive drunk (Si bebes no conduzcas) en los años 80. Anteriormente por supuesto, se habla del alcohol: en 1977, la DGT alerta de sus peligros al volante con Conductor, siempre con una copa de menos. 
Tráfico sigue en cada época batallando por reducir la siniestralidad y concienciar a los conductores de los peligros que supone no estar atento a la carretera, usando el móvil, cruzar sin mirar, no usar el cinturón y se añade ahora la campaña y controles sobre el peligro de conducir bajo los efectos de las drogas.
El atropello de los ciclistas, los conductores kamikazes, los muertos indirectos por los conductores irresponsables ha vuelto a abrir el debate de si se debe o no prohibir totalmente el consumo de alcohol. 
Y aquí es donde comienza el debate de suprimir el consumo de alcohol a novatos y conductores profesionales, con lo cual no estoy de acuerdo ya que de cada 100 accidentes mortales en que el conductor dio positivo, solo cinco entraban en ese parámetro de novatos y profesionales. Hablo porque yo siempre he sido la conductora no bebedora que ejerce de taxista en todas las fiestas. Y me gusta tomar una caña o un vino en una boda, pero reconozco los efectos que me causa el alcohol en mi organismo. Para tener una valoración diremos que para una mujer de unos 60kg, una cerveza o una copa y media de vino bastarán para alcanzar entre 0,25 y 0,50 mg/l en aire expirado. En el caso de un hombre de unos 70 kg basta con que haya bebido dos cervezas o una copa y media de vino para que, en un control de alcoholemia, presente la misma tasa .La multa a la que se enfrentaría una persona con estos niveles de alcohol es de 500 euros y la pérdida de 4 puntos de su permiso de conducir. Recordemos que de cada 100 accidentes mortales, el alcohol está presente de un modo u otro en una cifra que oscila entre los 30 y los 50.
 Por lo tanto cuando decido no beber si tengo que coger el coche, no solo me asusta la pérdida de puntos o la sanción económica. Realmente lo que me paraliza de verdad es el pensar que por mi decisión de tomar una copa, pueda matar con ese gesto a otra persona ajena a mí. Y con eso he vivido durante los más de 30 años que llevo conduciendo, y los que me conocen saben que conducir es una de mis pasiones. Quizás por ello a mis hijos desde que tienen uso de razón le he dado dos consejos: Lo que puedas hacer hoy no lo dejes para mañana y lo que no quieras para ti, no lo quieras para nadie. Solamente hay que ponerse en el lugar de los demás, de esos ciclistas que dan un paseo, con la familia que se desplaza de vacaciones, con esa madre que fallece embarazada y con su hijo de dos años choca de frente con un hombre que triplicaba la tasa de alcohol el día de Nochebuena en Vimianzo a las puertas de su casa. El conductor borracho salió ileso y preguntando ¿Dónde estoy?. En la AC 552 siempre hay flores en el lugar del accidente y ya fue hace muchos años y esa historia permanece como las canciones. La pregunta es obvia y hay que reflexionar sobre ello ¿le gustaría que una persona por su decisión de tomarse unas copas, lo matara?. La respuesta es tajante: no. Pues hagamos la pregunta al revés: A ti que te gusta tomar unas copas y conducir ¿Te gustaría que otra persona borracha te atropellara a ti o a un ser querido?. No, responderás. Pues esa es la respuesta: Lo que no quieras para ti, no lo quieras para nadie.
Juan Ignacio Zoido, anunció el 23 de mayo que desde la DGT se está estudiando imponer “restricciones más estrictas” con respecto al consumo de alcohol en carretera, la conducción nocturna o al límite de velocidad, con el objetivo de reducir y evitar la siniestralidad en las carreteras de conductores jóvenes y, sobre todo, los noveles.
También se van adoptar medidas muy severas contra los reincidentes e incluso acompañadas de una evaluación médica. También esto puede tener aristas. Mejor que el facultativo que determine la capacidad sea abstenio para ser más objetivo. Debiera inventarse un sistema que el coche no arrancara si detectaba alcohol en el aliento del conductor. Y el conductor que ha matado a una persona o varias bajo los efectos del alcohol debiera ser condenado como un asesino. Cuando se toma una copa se está en pleno uso de las facultades mentales. Se saben los riesgos y las consecuencias en que puede derivar esa decisión. Dos años de cárcel es una burla para la sociedad y sobre todo para la víctima y los familiares del muerto en accidente de carretera por el “famosillo” o imprudente borracho de turno.
La sociedad debe tomar conciencia de que las armas las carga el diablo. Máquina y alcohol no casan ni por poderes.
Como sucede en todas las lacras que golpean la sociedad, la mejor manera es la concienciación y el ejemplo desde el hogar, desde niños debe prevalecer la educación, el respeto y los valores. Y un severo endurecimiento de las penas por estos delitos.
Si se aprueba la medida de no permitir ni una copa a los novatos y profesionales, debiera ser para todos por igual. Cuando salió la ley de la prohibición de fumar en los espacios públicos, los fumadores, incluida yo y con un negocio de hostelería en ese momento, lo entendimos, aceptamos y lo cumplimos por el bien de los demás. 
Lo mismo debe suceder con el alcohol al volante. Si el conductor que crea el peligro para los demás no le importa su vida, pues por las personas que puede causar un daño irreversible su conducta debe aplicarse. 
Es un cáncer que mata tanto o más que el que produce el tabaco.
 

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