Miércoles 26.06.2019

Madre Patria

Hace más de un lustro que tuve la oportunidad de visitar la capital de la pequeña y bellísima isla de Puerto Rico. Pasear por las estrechas y pintorescas calles del viejo San Juan es delicioso. Allí estuvo destinado hace más de un siglo mi bisabuelo de contramaestre a bordo del crucero “Fernando el Católico”, y este humilde marinero honorario tuvo el placer de disfrutar (como sin duda lo hizo él en su momento) de una tapa de queso frito en una de las terrazas que existen pegadas al muelle.

Hace algunas semanas arribó a la isla nuestro buque escuela “Juan Sebastián Elcano”, “embajador y navegante” orgullo de nuestra querida Armada.

Como no podía ser de otra manera, se cumplió con la tradición, y las monjitas de la congregación “Siervas de María” (por cierto, de origen madrileño) dieron la bienvenida al buque ondeando, desde uno de los balcones del edificio que ocupan, nuestra enseña nacional.

Los marinos españoles correspondieron a las simpáticas religiosas con la visita de rigor, donde les entregaron varios presentes de gran valor sentimental, y las deleitaron con un pequeño concierto interpretado por su banda de música compuesto por pasodobles y otras melodías tradicionales de nuestra tierra.

Esto, que a los ignorantes les puede parecer “una tontería”, no es otra cosa que “hacer patria”. Y aprovecho aquí para reivindicar lo importante que es para la Armada conservar estas bonitas tradiciones. La alegría, con cierto sabor amargo de melancolía, que para nuestros compatriotas (o para las personas que de origen español) produce la llegada de un buque español a muchos puertos del otro lado del  Atlántico, es un sentimiento natural. Tenemos muchos ejemplos de ello en el pasado. Este fue el caso del crucero Infanta Isabel, que entre 1887 y 1890 estuvo destinado en Montevideo. La Colonia española allí residente acudía muchas tardes al puerto a visitarlo para, como decían ellos, “pasar la tarde en España”. También había algunos que, sumidos en la más profunda nostalgia, pedían a los marineros un puñado de arena de baldeo con el fin de conservarla en sus hogares en pequeños tarritos de cristal como “tierra española”. Se dio el caso, incluso, de que un paisano solicitó al comandante permiso para que su esposa diera luz en aquel pedazo de patria, cosa que con gran dolor en el corazón, el marino tuvo que rechazar.

Eran otros tiempos, sí, pero sus protagonistas eran tan buenos españoles como los marinos que hoy surcan todos los mares del mundo, y que muestran con orgullo, en todo tipo de encomiables misiones, los colores de sangre y oro de nuestra bandera. Son sin duda de lo mejor de esta España nuestra donde un día sí, y otro también, vemos como es insultada por tontos muy peligrosos que gracias a estar amparados por el Estado de Derecho al que aborrecen, pueden expresar su soflamas de odio con total libertad. “De bien nacidos es ser agradecidos”, dice el sabio refrán popular. Pues eso. Éstos ya sabemos lo que son.

Madre Patria
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