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La selectividad no es justa

La selectividad, que recobra actualidad en junio, tiene de los nervios y estresados a miles de estudiantes que, concluido el bachillerato, se enfrentan a este examen con ansiedad e incertidumbre. Y es comprensible, porque la EBAU marca un antes y un después en sus vidas ya que de su resultado depende estudiar una carrera u otra y, por tanto, determina su futuro académico y profesional.


Algunos profesores sostienen que la selectividad garantiza la igualdad de oportunidades para los alumnos de todas las comunidades. Por contra, otros cuestionan esta prueba como poco equilibrada por ser el final de un bachillerato desigual, menos exigente en unas autonomías que en otras que, además, es corregida con criterios dispares, con “manga ancha” en unos lugares y con más rigor en otros.


¿Y qué dicen los estudiantes gallegos? Los escolares se quejan desde hace años de que tanto los exámenes como los criterios de corrección son discriminatorios. Mientras que los gallegos, dicen, nos enfrentamos a exámenes duros y a correcciones rigurosas, en otros lugares se aplican criterios menos exigentes, suben las calificaciones y muchos de esos alumnos “vienen a las universidades gallegas con calificaciones altas y nos desplazan de cursar la carrera deseada”. Un ejemplo clásico es Medicina donde todos los años buenos estudiantes gallegos no son admitidos por unas décimas y acaban en universidades privadas.


Esto piensan nuestros escolares, que suelen ocupar los primeros puestos en los informes PISA y acaban los últimos en la pruebas de selectividad, superados por estudiantes de otras autonomías con peores resultados en esa prueba internacional. Algo está fallando.


Por eso, cada día son más las voces que reclaman una selectividad única con preguntas tipo test y corregidas por una máquina para unificar criterios de pruebas y corrección.


No se trata de recentralizar, palabra maldita. El objetivo es acabar con una injusticia consolidada cuyo resultado es que unos estudiantes logran mejores notas que otros, no por su rendimiento académico, sino porque en su comunidad tienen un bachillerato menos exigente que culmina en la EBAU con una corrección más laxa, perjudicando claramente a los gallegos que cursan programas más completos.


Como eso no se logrará, ¿por qué no se plantea en Galicia un examen de selectividad y corrección con los criterios laxos de otros lugares?, se preguntaba el lector de un periódico. Aquí, autores y correctores de las pruebas quieren mantener, en plan quijotesco, el rigor de la selectividad y lo que consiguen es castigar con peores notas a los alumnos gallegos mejor preparados. Un agravio comparativo manifiesto a nuestros escolares.

La selectividad no es justa

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