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Izquierda de fina piel

Dejó escrito Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”. Me viene al pelo la cita porque de eso quiero hablarles hoy. Sus señorías están muy alteradas por las gruesas expresiones que se vienen utilizando en las Cortes Españolas y no les falta razón. No es nada edificante ver a nuestros representantes tirarse piedras cargadas de odio que cruzan el arco parlamentario de un extremo al otro para buscar el mayor daño posible. En cualquier colegio normal,a alumnos con idéntico comportamiento les supondría la expulsión inmediata, salvo en Baleares donde es suficiente mostrar una bandera de España para que los expulsen. Un poco de relajación vendría bien porque el sosiego también es contagioso. Lo curioso del asunto que nos ocupa es que no todas las intervenciones parlamentarias se miden por igual. Me explico. Si un diputado de la derecha acusa a la ministra de igualdad de haber llegado al cargo por ser la mujer “de”, la izquierda entra en cólera y ataca sin piedad a la bancada de enfrente. Veamos, en su día Pablo Iglesias le dijo lo mismo a Ana Botella, esposa de José María Aznar y no hubo revuelo alguno. 


El mismo exabrupto dicho por la izquierda es venial, no ocupa ni una línea en la prensa generalista. La extrema izquierda aplaudió al propio Iglesias cuando dijo que azotaría a una periodista hasta que sangrase y entonces ni políticos de izquierda ni feministas de ninguna clase levantó su voz en defensa de la agredida, suponemos que la periodista en cuestión no era izquierdista y eso, al parecer, justificaba la paliza. Hace unos días una diputada calificó a Bildu de “filoetarras”, ciñéndose, a mi juicio, a la más palpable realidad, no solo fue reprendida por la presidencia socialista sino que fue expulsada de la tribuna. Poco antes la señora Montero había llamada “banda fascista” al grupo parlamentario de la diputada en cuestión, no pasó nada. Habrá que entender que “banda fascista” es un halago y que contribuye a la buena imagen del congreso que pagamos. Podría seguir con ejemplos múltiples, pero remataré mi argumentario con uno más. 

 

Hace unos días la misma ministra que llamó “banda fascista” a un grupo parlamentario, acusó al mayor partido de la oposición de “fomentar la cultura de la violación” y sí, es la misma ministra que sacó adelante una ley que está poniendo en libertad a condenados, precisamente, por delitos sexuales contra las mujeres. Nada pasó, incluso se reafirmó, ya fuera del parlamento, en su exceso verbal. El común de las gentes interpretó esa afirmación asilvestrada como que el partido aludido incitaba a violadores a cometer sus execrables fechorías. Una barbaridad que, si la llega a pronunciar un diputado del centro derecha, le perseguiría de por vida hasta su fallecimiento, pero al ser pronunciada por una ministra de la extrema izquierda quedó archivada en el capítulo de anécdotas. La izquierda se perdona con facilidad y disciplina y se perdona todo aquello que, en boca de la derecha, es imperdonable. 


La izquierda tiene la piel fina, se ofende con facilidad mientras siembra odio y martillea a sus adversarios y no le faltan, por si fuera poco, voceros mediáticos que jalean sus pecados como éxitos, mientras crucifican sin misericordia al centro derecha. Les sale gratis, les supone más tertulias televisivas y más ingresos.

 

Espero que el sentido común vuelva pronto y que no nos dejemos despistar con estas cortinas de humo. Los españoles sufrimos y mucho mientras sus señorías se entretienen con insultos, España no va bien.

Izquierda de fina piel

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