sábado 19.10.2019

Soledad Muniategui | “Las transiciones energéticas no son sencillas ni desde el punto de vista industrial ni social”

Directora del Instituto Universitario de Medio Ambiente

Con una amplia trayectoria en el campo de la docencia y de la investigación, la directora del IUMA de la UDC y catedrática de Química Analítica, Soledad Muniategui ha participado, junto con Reganosa, en un congreso europeo para avanzar en el uso a gran escala del GNL y del biogás como combustibles para un transporte sostenible. 

Muniategui en el campus coruñés | cedida
Muniategui en el campus coruñés | cedida

“Empir LNG III” es el título del proyecto europeo que estos días ha traído a la UDC a expertos de hasta nueve países que están trabajando en avanzar en el uso a gran escala del gas natural y del biogás como combustible para un transporte más sostenible. Susana Muniategui es la directora del organismo anfitrión, el Instituto Universitario de Medio Ambiente.

¿En qué consistieron estas jornadas que también se han desarrollado en Ferrol? 

Tenemos el privilegio de celebrar en el Instituto Universitario de Medio Ambiente –IUMA– de la UDC un encuentro, dentro de un proyecto de investigación y desarrollo europeo, de la convocatoria Euromed, que está dedicado al estudio y a la mejora de los sistemas de medida del gas natural licuado –GNL–. La importancia de este proyecto es que están implicadas las unidades de metrología europeas, que son las encargadas de hacer propuestas de métodos de medida, de estandarización, de las metodologías. Participan todas las organizaciones del continente, además de empresas del sector del GNL. En España están representadas Reganosa y Naturgy. El objetivo del proyecto es mejorar los parámetros de control y de calidad, y tiene una componente de investigación y de desarrollo. La de investigación está relacionada con la mejora de los sistemas de medida. Tenemos que pensar que estamos hablando de gas licuado, cuando estamos más acostumbrados a ver la aplicación del gas natural en la combustión térmica en centrales... Esta iniciativa se enmarca en esta línea estratégica de ámbito europeo, en el sentido de utilizar el gas natural para la automoción: estamos hablando de la transición hacia una descarbonización en la que el GNL pasará a formar parte del combustible de los vehículos de tráfico rodado y, fundamentalmente, del transporte marítimo. En esta línea hay que disponer de sistemas de medida que aseguren la calidad para el transporte, la distribución y los proveedores. 
 
¿Se trata de adaptar los sistemas de medida a los nuevos usos previstos? 

Para facilitar su transporte, pues hablamos de un gas que se va a mantener refrigerado, en condiciones criogénicas, a -161º, por lo que las metodologías habituales para medir el gas a temperatura ambiente no son de aplicación aquí. Por eso intervienen estos organismos internacionales de medida, para dar líneas de estandarización de métodos. Y de ahí su relevancia, porque es una realidad que poco a poco se va a ir implantando este uso como un combustible de transición hacia otros de tipo renovable. 

Hablamos de transición ecológica... 

Ya se están dando pasos, aunque la situación es dispar. Hay países  que nos llevan un poco la delantera y en España se van dando pasos, sí.. 

¿Y en ella el gas va a jugar un papel intermedio?

Sí, es que ya tenemos esa potencialidad y se trata de aprovechar los recursos que tenemos y, en ese sentido, debemos pensar que el gas natural, como combustible, es más sostenible ambientalmente. Las emisiones de dióxido de carbono, de azufre y de nitrógeno son inferiores a otros combustibles; por lo tanto se habla de transición lógicamente hacia otro tipo ya más sostenible o ecológico. En esta línea, este proyecto Empir va por la tercera convocatoria y, de hecho, ya se están empezando a preparar en otro tipo de proyectos similares donde va a tener una mayor incidencia el uso del hidrógeno, por ejemplo o del biogás licuado. Es una realidad, está ahí, por eso son muy relevantes este tipo de actuaciones, y esta colaboración intensa de la universidad. 

¿La ciudadanía en general está preparada para este cambio, modo de vida? 

A mí no me cabe duda. Dirijo el Instituto de Medio Ambiente de la UDC, coordino el grupo de Química Analítica Aplicada, dedicados al medio ambiente, y a mí no  me cabe duda de que la sociedad en general está concienciada con la importancia del medio ambiente, puesto que es donde nos encontramos, así que ¿cómo no lo vamos a cuidar y a proteger? Lo que pasa es que este tipo de políticas a veces suponen cambios en nuestro modo de vida y no son tampoco transiciones sencillas, ni desde el punto de vista industrial ni desde el punto de vista económico, y desde luego social. Pero yo estoy absolutamente convencida de que es cuestión de tiempo, de que haya iniciativas que nos vayan explicando a los ciudadanos, que nos vayan acercando al problema y a las vías de solución. En mi opinión, la transición, el cambio, es imparable, ya está en marcha. 

¿Qué papel juega Reganosa en este proyecto? 

Para la Universidade da Coruña es una pieza clave; es un magnífico ejemplo de lo que es la colaboración empresa-universidad. Llevamos muchos años trabajando con Reganosa, intentando dar apoyo en términos de investigación, desarrollo y aplicaciones, y lo planteamos como una manera de mejorar en diferentes aspectos. El trabajo con la empresa nos permite a nosotros tener nuevos objetivos y retos de interés, pero también contribuye a dar una respuesta a nuestra preo-cupación por formar mejor a los profesionales del presente y del futuro. Al final, todo redunda en beneficio para la sociedad y, en ese sentido, Reganosa está comprometida con este cambio y con esta mejora. Nuestra experiencia es muy buena, no solo desde el punto de vista de la investigación, sino también de la formación de estudiantes y de profesionales. Además, genera valor en nuestra comunidad y está volcada y convencida con este cambio hacia una transición energética.

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