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La pandemia se lleva por delante a la histórica churrería La Bola de Oro

El pasado día 11 cerraron sus puertas e invitaron a sus clientes a chocolate con churros | jorge meis

El domingo fue un día triste para los habituales, que son muchos, de la histórica churrería La Bola de Oro de Ferrol, que cerró sus puertas al público tras cuatro años con nueva gestión.


Suerte no han tenido sus actuales propietarios Sergio Barcia y Elia Alonso con el negocio, cuyo traspaso adquirieron en el año 2018, de manos de Rafael López y Begoña Martínez, que formaban parte de la quinta generación de churreros que regentó este establecimiento, que abrió sus puertas en la ciudad en el año 1964. Antes, los churros los vendían de forma ambulante por ferias, fiestas y mercados de todo el país.


Volviendo a Sergio y Elia, empezaron en octubre de 2018 con gran ilusión y muchas ganas de seguir con la tradición de un negocio con solera en la ciudad, y que era rentable. La cosa no salió ni todo lo bien que se esperaba, ni tan solo bien, ya que en su vida irrumpió algo con lo que no contaban ni ellos ni otros hosteleros, la pandemia de coronavirus y sus consecuentes restricciones.


“Empezamos con gran ilusión, el primer año nos fue muy bien, llegamos incluso a amortizar deuda y adelantar pagos para reducir la cuantía de la letra”, explica Sergio Barcia, quien recuerda que se hicieron con el traspaso, de una cuantía importante, “de cero”, es decir, habiendo pedido todo el dinero de la compra del local y el negocio, es decir, con la fórmula de los churros y el chocolate. Tras ese buen año llegaron los demás, a cada cual peor. “Llegó la pandemia y con ella el cierre, las restricciones, y los créditos ICO, unos créditos muy atractivos que ahora hay que devolver y la recuperación es menos rápida que las obligaciones con el banco”, lamenta el propietario del negocio, quien ha visto cómo la crisis sanitaria se llevó por delante sus ilusiones y también su dinero. “Al final tuvimos que tomar la decisión, el verano fue duro, dado que no es nuestra época fuerte, pero el pasado invierno también lo fue y esto no nos permitió recuperarnos como era deseado y al final un crédito te lleva a otro y la bola no hace más que crecer y había que tomar decisiones, aunque fueran difíciles”, explica el propietario de La Bola de Oro.


El negocio sigue siendo rentable, pero no lo es para quien estuvo meses y meses sin ingresar, haciendo frente a nóminas, restricciones y ausencia de clientes. Por ello han decidido recuperar parte de lo invertido y desembolsado hasta la fecha traspasando la churrería, “y todo lo que conlleva”, ya que no venden el local sin más, venden el producto, la marca, la fórmula ya que de otro modo se perdería la esencia. “La esencia de La Bola de Oro no se puede perder, de hecho de las personas que se han interesado por el local hay una que quería vender aquí sus propios churros, su producto, y no se puede vender otro bajo esta marca, pues se perdería la esencia y eso no va a ocurrir”, subrayó Sergio, quien recuerda que la marca implicará siempre vender los churros asociados a la misma.


El domingo fueron muchos clientes, algunos de toda la vida y que ya eran habituales con los anteriores propietarios, quienes se acercaron a desearles las mejores de las suertes a Elia y Sergio, quienes confían en que en breve puedan servirse de nuevo en el local de la calle María sus típicos churros y ese chocolate caliente que tan bien sienta, sobre todo en los días de frío. 

La pandemia se lleva por delante a la histórica churrería La Bola de Oro

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