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García Cadiñanos: “Nuestro mayor problema interno es la escasez de presbíteros”

El obispo de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos, en un desayuno con la prensa | m.r.i.

Ha pasado algo más de un año desde que Fernando García Cadiñanos fue ordenado obispo y destinado a la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. En ese tiempo, comentaba ayer en un desayuno informal con la prensa en la Domus Ecclesiae, se ha sentido “muy a gusto”, ha descubierto una zona con una gran belleza paisajística; una población con personalidades diferentes según se acerque uno a Ferrol, a la Mariña o a la Terra Chá con la que ha establecido una relación de confianza; y un lugar con un tamaño “humano, cercano, alejado de polémicas y que da mucha paz y genera buen ambiente”. 
 

El obispo, que llegó a Ferrolterra procedente de su tierra natal, Burgos, también ve a Galicia “a veces encerrada en sí misma, y eso nos lleva a un cierto pesimismo existencial sobre nuestras propias posibilidades”. Además, en el aspecto negativo, comprueba que la de aquí es una sociedad “bastante secularizada”, más que la burgalesa.
 

Y de esa secularización e incluso “crisis de fe” derivan algunos de los problemas a los que tiene que hacer frente la Diócesis, como el sostenimiento de su patrimonio o la falta de sacerdotes en las parroquias. Entiende García Cadiñanos que sin colaboración público-privada el mantenimiento de los bienes de la Iglesia es imposible y habla incluso de convenios de cooperación para el uso compartido de algunos de ellos, además de reclamar mayor implicación –y más reglada y regular– de las instituciones públicas. “Yo me siento muy bien acogido a nivel personal. A nivel institucional pediría algo más de colaboración hacia lo que significa lo religioso y las potencialidades que tiene para dinamizar y desarrollar Ferrol y su comarca, el norte de Galicia”, apuntó.
 

Espera estar en la Diócesis un período de 10 o 15 años para tener “cierta estabilidad, hacer proyectos, animar...” pero no cansar y recuerda que sus predecesores –con la excepción de Luis Ángel de las Heras– han sido obispos durante un período largo, por lo que niega que se considere Ferrol como un destino de paso.

 

Falta de sacerdotes

“Mi objetivo fundamental es que haya más gente que se entusiasme por el Evangelio, que descubra la belleza de vivir la fe, de encontrarse con Jesús, de descubrir que merece la pena vivir la vida desde este proyecto que nos ayuda, nos entusiasma, nos da felicidad y nos da paz”, comenta. Y esa ilusión, fuerza y valentía –la “parresía” de la que habla el papa Francisco– que combata el pesimismo es el espíritu que quiere trasladar en su trabajo diario.
 

El mayor problema interno, comenta, “es el envejecimiento y la escasez de presbíteros, situado en un contexto en el que parece que si no hay sacerdotes no se hace nada”. Y ese es, asegura, “el gran reto que hoy tenemos, descubrir que la Iglesia es más allá que los sacerdotes, que la comunidad cristiana tiene que ser corresponsable en la tarea y eso conlleva una organización diferente”. Ha tenido que decirle a feligreses que no puede garantizar que se celebren misas en todos los templos. “Con tristeza lo digo, no podemos garantizarlo, y eso conlleva un cambio de chip”, lo que significa asumir una nueva organización –como en las Unidades Pastorales– y que los propios fieles tengan un papel activo.

 

Pederastia

García Cadiñanos no evita cuestiones polémicas como la actuación ante casos de pederastia en la Iglesia o la inmatriculación de bienes a su nombre. En la Diócesis no se han registrado denuncias, explica, y tampoco han registrado inmuebles, pero, a modo general, defiende la posición actual de acompañamiento de las víctimas y sigue los pasos del papa Francisco respecto a la crítica sobre el silenciamiento de épocas pasadas. Repecto a los bienes, matiza que debe garantizarse que se utilicen para los fines para los que fueron construidos.
 

También es claro sobre el compromiso que debe existir con las personas migrantes –ha establecido la celebración de círculos de silencio–, con los pobres –la mención a la caridad está en su lema episcopal e impulsa la acción de Cáritas– y también con los trabajadores –ha visitado plantillas en huelga, ha ido a los actos de conmemoración de Marzo del 72 y ha participado en protestas para demandar trabajo digno–. El obispo conoce el trabajo de los sacerdotes en los barrios obreros en la década de los 60 y 70 y quiere poner en valor también desde el ámbito eclesiástico “esa experiencia enriquecedora”.
 

Muestra además su preocupación por la creciente desigualdad. “Se está dando hoy un grave problema a nivel global, que es esa separación entre el enriquecimiento y el emprobrecimiento. Es el sistema económico el que está generando esa dicotomía social que a la larga nos va a hacer mal. Lo vemos en sociedades donde la clase media era más frágil, conlleva violencia real”, alertó. Para García Cadiñanos “hay que replantearse el sistema como tal. Es una verdad que aparece en la doctrina social de la Iglesia que tenemos que repetirnos porque si no nos la repetimos erramos en el tiro y estaremos poniendo tiritas donde lo que hay que poner es cirugía”, concluye.

García Cadiñanos: “Nuestro mayor problema interno es la escasez de presbíteros”

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