Sin rumbo, sin líder

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Ya no me queda duda alguna. El Papa se empeña en darme la razón cuando digo que es bipolar. Da bandazos y ya nadie se corta en criticarlo; ni los que se alegraron cuando fue elegido, ni los que desde el principio no estaban convencidos de lo que habría de ser su gobierno. Pasado los ocho años de papado, ya nadie confía en él; nadie. No tiene liderazgo y hay el convencimiento general de que debe dimitir porque esta partida acabó. Francisco ya no es el Papa, no es el guía. Sería curioso que tuviésemos dos papas eméritos y otro gobernando. Pero deberíamos acostumbrarnos a ello.


Su papado va de contradicción en contradicción e irá a peor porque estas formas no tienen arreglo. La última ocurrencia la protagonizó hace unos días en un encuentro con Jesuitas en Eslovaquia. Les dijo, y por su postura en la foto como si de una conversación de bar fuese: Estoy pensando en el trabajo que se ha realizado en el Sínodo de la Familia, que las parejas en segunda unión no están ya condenados al infierno. Y cuentan que se quedó tan pancho. Tal cual, como en una tertulia cervecera.


Tal comentario da mucho que pensar y evidentemente pone en duda el trabajo del Sínodo y sus conclusiones en la encíclica Amoris Laetitia que tanto debate generó. Siempre defendí que los separados vueltos a casar tenían todo el derecho a comulgar y vivir plenamente su vida de amor tanto con su pareja como en la Iglesia. Los argumentos de quienes defienden lo contrario, no los comparto y en los próximos artículos intentaré justificar mi opinión. Tengo muy claro que si el amor es sincero y el desamor está justificado, no están en pecado permanente si se vuelven a casar.


Primero quiero remarcar que en este debate la Iglesia ignora su enorme parte de responsabilidad. No se preocupó de si los contrayentes vivían la fe y el concepto del matrimonio era el que la Iglesia defiende. Me parece que no se preocupó más que cuanto cobraría por la ceremonia, las donaciones al templo o sí era la familia tal. No han sido, ni son, rigurosos y luego, pasa lo que pasa. Ahora no puede mirar hacia otro lado y culpar a los demás.

Sin rumbo, sin líder