Carles Puigdemont gana batallas, perderá la guerra

Puigdemont, celebrando su libertad con una sonrisa | efe
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Hay que reconocer que toca las narices que una vez sí y otra también Carles Puigdemont termine siempre yéndose de rositas. El prófugo más famoso de la justicia española (con permiso del Dioni), celebra su salida de la cárcel de Cerdeña en la que dio con sus huesos por eso de hacer publicidad del independentismo. Es de suponer que en breve se irá a Waterloo aunque tenga que regresar el próximo día cuatro a la isla italiana para saber si es extraditado a España. Pero mientras eso sucede, enseña dientes y pretende ridiculizar a la justicia española y, por ende, al estado, asegurando que está acostumbrado a ser perseguido por España y a vencer siempre en los tribunales. Sin embargo, esa sonrisa tiene mucho de postureo. Él y sus letrados saben muy bien que, tarde o temprano, estará en el banquillo de los acusados y ante jueces españoles. Solo lo podría salvar a una amnistía (lo que su partido pide con insistencia) o un cambio de la legislación española (algo que el PSOE estudia). Si no se produce ninguna de estas dos circunstancias, él sabe que será juzgado y condenado.

Carles Puigdemont gana batallas, perderá la guerra