Es muy cabreante

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Amedida que voy cumpliendo años hay algo que cada vez me ofende más: que me tomen por tonto. Viene esto al caso por la jauría política que se está echando sobre Madrid y sobre su presidenta exigiéndole que suba los impuestos en su comunidad. Ayuso se niega en redondo y tiene razón.

El estado tiene a su cargo la recaudación de los impuestos, salvo en aquellos tramos que corresponden a las comunidades autónomas por tenerlos cedidos y, sobre estos, es el ejecutivo de cada autonomía el que señala sus políticas impositivas y por eso se aprecian diferencias entre comunidades. Es lógico porque no se entendería que gobiernos social-comunistas y gobiernos de centro-derecha tuvieran idénticas políticas fiscales.

Con todo la recaudación de Madrid es altísima y por eso es la comunidad que más aporta al fondo común de España, demostrando que es posible recaudar más con menos impuestos. Pero lo que me cabrea especialmente es que desde Valencia o Cataluña arremetan contra Madrid en lugar de analizar el resultado de su gestión fiscal y tomen nota. Los mismos que atacan a Ayuso y a Madrid callan con lo que se refiere a los impuestos en el País Vasco o Navarra y, por supuesto, no dicen ni mu del despilfarro separatista que dedica los impuestos de todos los españoles a referéndums ilegales y a fianzas de dudosa naturaleza para salvaguardar el patrimonio de los líderes separatistas.

Sobre esto no interesa hablar porque son los socios parlamentarios del gobierno de Sánchez y, como saben ustedes, estos tienen carta blanca para hacer lo que les venga en gana. Tampoco escuché al presidente valenciano ni al catalán hablar del escándalo Pujol y la retahíla de millones que se apropiaron al grito de “España nos roba”.

Se quejan, además, de la bonificación que tiene Madrid en el impuesto de patrimonio y sucesiones, dos gravámenes injustos que deberían desaparecer en toda España como ya desaparecieron en toda Europa y que supone repagar por lo que ya se pagó en su día y que castiga las herencias de aquellos padres que, con sus ahorros, por los que pagaron anteriormente, dejen a sus hijos una casa o alguna propiedad.

Este reimpuesto a los muertos castiga a los jóvenes y obliga, en muchos casos, a renunciar a la herencia por no poder hacer frente a los injustos impuestos que se les exigen. Pero es que, además, los madrileños han dicho, claramente, en las urnas que el modelo de Ayuso les gusta y por eso lo votan muy mayoritariamente. No me puedo imaginar lo que dirían los catalanes si desde Madrid o Galicia se les dijera como tienen que gestionar sus tributos, pero podríamos intuir algo así como: “El estado fascista español pretende condicionar la autonomía del Govern catalán”. Lo dicho, no nos tomen por tontos.

Es muy cabreante