El dilema de las viviendas turísticas

Turistas en una zona de viviendas de alquiler en Valencia | efe
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Hay ciertos temas en los que, pase lo que pase, siempre hay alguien descontento. Ejemplo: los pisos turísticos. Todo aquel que haya tenido la mala suerte de sufrir uno encima de su casa sabe lo que es el ruido de las maletas por el suelo a cualquier hora del día o de la noche, las fiestas y ese extraño fenómeno en el que parece que los inquilinos van con la intención de arrastrar muebles. En Madrid, donde la oferta estaba disparada, han decidido limitar estas viviendas a los bajos y las primeras plantas. La primera consecuencia que se temen tanto las inmobiliarias como la oposición es que se disparen los precios. La segunda, que empiecen a convertirse locales comerciales en viviendas –esperemos que sin que Rocío Monasterio intervenga en la obra– y la tercera, que muchos particulares que habían encontrado una fuente de ingresos la pierdan. Nadie dijo que gobernar fuera fácil.

El dilema de las viviendas turísticas