Desperdicios de Sánchez

|

Con los cambios de ministros, crisis de gobierno les llaman, aunque más bien son crisis de ellos, sucede siempre lo mismo: que nos pone mucho a los periodistas descifrar la cara oculta del cese. El cesado siempre tiene más morbo que el nombrado, que aunque él no quiera ni verlo lo será también algún día. Así que en eso se está como gran asunto y cada cual hace ver que él conoce las claves y está en el secreto, pero por experiencia les diré que desconfíen de ese pescado. Si en política se miente mucho, y estos han hecho de ello gran virtud, en precisamente estos pasajes es cuando ya se miente a calzón quitado. Porque sin calzones y sin bragas, con perdón, se han quedado.

Así que no les extrañe que por un lado los cesados todos vengan a decir que están encantados y felices con el cese y que lo pidieron ellos a grito pelado. Y eso sí que es de no creérselo. Si hay un caso ese es de los susurraditos y esperando que se le diga : “¡No, hombre, no!” o “Que me dices, Carmen, por favor. ¡Ni hablar!” eso ya sería algo excepcional. Si algo he aprendido en todos estos años, y me ha costado, es que no hay atracción y droga más intensa y adictiva que el poder. En el grado que sea, pero poder. Ministro de lo que sea y poder sobre quien sea por muy mísera que sea la condición en que se encuentra el que manda y aún sea a uno sólo a quien puede mandar.

Así que eso por delante. A los cesados no les ha gustado nada de nada el serlo, aunque pongan buena cara y algunos lo disimulen o vendan mejor. O hasta hagan de necesidad virtud. A eso ha jugado el valido Iván Redondo, que como todo valido estaba sentenciado a ser chivo expiatorio cuando tocara echar mano de uno, pues ella es la primera condición de los validos. Ha deslizado un me voy para volver que ha quedado flotando en el aire. Algún caso ha habido de segundas partes: Pero aplíquese el refrán y que en la historia aún fue peor el final. Y al argumentario de Iván, ese “¡que contento me voy!” y esa insinuación de “me sacrifico por ti” lo del barranco puede interpretarse así, que es lo que ha venido a decir le chirrían los hechos del personaje y su exhibición continua de su prevalencia, rango y posición.

Las cosas, al revés que en los asesinatos de ficción, suelen ser lo que parecen en la muy mayoría de los casos. Y el asesino de quien esta en el suelo quien tiene la pistola en la mano y le humea todavía el cañón.

Y la explicación, reconozco que no conozco ningún secreto, ni nadie me ha soplado nada ni he recibido filtración alguna y ni siquiera he tenido interés en preguntar, por que lo cierto es que estos enredo, entiendo que más sencilla no puede ser. Sánchez los ha tirado al cubo o la papelera y ya está. Porque ya no le servían, porque estaban gastados o porque le olían mal y el quería oler mejor. Son ya desperdicios. Aunque, claro, siempre se pueden reciclar pero hoy por hoy desperdicios son. Los desperdicios de Sánchez que, es también lo que parece, a lo que está y es en lo único que como siempre está, es a como, con los figurantes nuevos, logra recomponer figura y que las urnas cuando lleguen no le manden el cese a él.

Desperdicios de Sánchez