Incógnitas y secretos

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Al nacionalismo catalán siempre le ha gustado compararse con cualquier territorio que haya solicitado y obtenido la independencia, llámese Escocia, Quebec, Groenlandia o Kosovo, con total desconsideración de las circunstancias constitucionales, sociales o históricas de cada caso. En tal sentido les da lo mismo uno que otro. Y aunque, en gráfica expresión del profesor Muñoz Machado, se parezcan como un huevo a una castaña.


Ahora, en el escrito en que ha trazado el giro táctico para la negociación con Pedro Sánchez, el presidente de Esquerra, Oriol Junqueras, recurre a la vía escocesa; esto es, al acceso de Cataluña a la independencia a través de un referéndum pactado con el Gobierno central similar al que aquel territorio/nación del Reino Unido consensuó con Londres y celebró, dentro de la legalidad (porque el muy especial sistema lo permitía), en septiembre de 2014.


El problema es que en nuestro sistema político ello no sería posible porque la autodeterminación no cabe en carta magna del 78 ni Cataluña formaría parte de la lista de territorios susceptibles, según doctrina de Naciones Unidas, de ejercerla. Muy al contrario, la indivisibilidad de la nación está presente en todas las Constituciones, incluida la nuestra, y es fundamental en el Derecho internacional. Una parte no puede romper el todo.


Habida cuenta, por lo demás, de que la Constitución atribuye al Estado (Corona, Gobierno y Cortes) competencia exclusiva en materia de referéndums, no les quedaría a los interlocutores más remedio que hacer funambulismo con la consulta consultiva prevista en el artículo 92 de la ley fundamental, utilizándola para lo que el constituyente nunca pensó que pudiera emplearse. Y aunque la perdiesen –siempre consultiva, aunque políticamente funcionase como vinculante– habría quedado la puerta abierta a su reiteración.


Expertos como son en la ocultación y, desde el 1-O, maestros en moverse sobre el alambre, de cara a la opinión pública pretenderán hablar de “derecho a decidir”, que suena a más suave y digerible y es expresión a la que allí se viene recurriendo desde hace algún tiempo. Jurídica e institucionalmente habrá de ser sin maquillajes y de muy distinta manera. No les queda otra.


Habrá que ver cómo Sánchez sale de este reto y embrollo en que se ha metido cual si tuviera una tarea mesiánica que llevar a cabo, a imitación de su antecesor y correligionario Zapatero en el País Vasco. La oposición social a los indultos es grande.


Ahora pide comprensión y magnanimidad. Desde Argentina. Pero tanto o más que las propias medidas de gracia, a la opinión pública le inquietan en igual o mayor medida hasta dónde y cómo está dispuesto a llegar en la negociación política. Bien haría en desvelar su hoja de ruta. Y si lo hiciera en sede parlamentaria, mejor que mejor. Y si convocara a los partidos políticos para contrastar y consensuar posiciones, perfecto.


Vana ilusión, me parece. Es como pedir peras al olmo.

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