Otra mirada al mundo (y II)

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Desde luego, necesitamos líderes humildes que activen otras formas más sensibles, menos interesadas y más de donación hacia los vulnerables. Claro está, en medio de una crisis planetaria tan profunda como la actual, lo que se requiere es un mundo abierto y reintegrado, capaz de superar las divisiones, mediante el acercamiento de una ciudadanía sin ataduras, dispuesta a compartir vivencias, sin sumisiones ni desprecios.


Por desgracia, a poco que demos una ojeada por el mundo que nos circunda, descubriremos el estado de confusión del ser humano, más empeñado en dominar que en someterse, en aglutinar poder en lugar de servir, en acaparar y no compartir ni donarse; con la consabida deshumanización que esto origina. Sea como fuere, tenemos la oportunidad de crear juntos un futuro distinto y más ecuánime. Por eso, este es un momento que pone a prueba nuestra capacidad humanitaria. Hasta ahora las políticas sociales, apenas han movido pieza por reducir las desigualdades. Nos falta espíritu solidario y nos sobra egoísmo. También carecemos de entusiasmo real, como agentes de cambio activo que somos, dispuestos a promover otras metodologías de trabajo y del mercado laboral en general, encaminado a una protección más eficaz del medio ambiente, con sociedades sostenibles de bajo carbono y oportunidades de empleo decente para todos.


No hay otra estrategia más compasiva que invertir en las personas, cuidando el propio hábitat en el que nos movemos; pues sí importante es apelar a la justicia social para acabar con la pobreza, sabiendo que todas nuestras miserias también confluyen en inmoralidades, que nos dejan sin alma. Bien es verdad, que el perfil de nuestro porvenir está plagado de angustias e inseguridades, pero por mucho que nos bañen aguas turbulentas, en parte causadas por un crecimiento económico injusto, es menester tomar otra estética en nuestro comportamiento social. No podemos caer tan bajos. Nos hace falta volver a las raíces, retornar a ese espíritu creativo y solidario, poniendo en valor la capacidad de entrega.


Es cierto que la pandemia nos ha puesto a todos en crisis, pero ahora tenemos la opción de cambio, restaurando un mundo más sano y más justo. Ojalá aprendamos a mandar con dignidad y a prestarse con diligencia. Ya está bien de distorsionarlo todo. Si acaso, pongámonos en mirada atenta, puesto que las palabras junto con las acciones suelen ir crecidas de hipocresía, por lo que es fundamental la capacidad de discernimiento. Vuelva la sensatez y los gestos de humanidad a tutelarnos.

Otra mirada al mundo (y II)