Ferrol y sus orígenes

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Hay una teoría en historia que defiende que el desarrollo urbano en Europa marcó el final de la Edad Media.
Los súbditos se independizan del yugo feudal al agruparse libres en territorios urbanos, creciendo  el “espíritu emprendedor”, conocimiento, economía,  y el libre mercado hasta  alcanzar las cotas de bienestar  actuales.
A esta evolución, como no podía ser de otra manera,  la  Galicia rural y semiurbana tampoco fue ajena. Dependiendo de múltiples factores como el desarrollo del naval civil,  la pesca, congelado y alimentación, implantación de  multinacionales foráneas y propias, se llega al desarrollo urbano actual.
Independientemente del tamaño, la mayoría de  ciudades y pueblos, con permiso de las crisis,  lograron un crecimiento, mayor o menor pero uniforme. Sus habitantes echaron raíces, establecieron sus vínculos y relaciones generación tras generación, defendiendo y queriendo su obra y en una palabra su trasformación en una sociedad moderna.
Si trasladamos esta teoría  a nuestra ciudad, estas circunstancias son precisamente las que no se dieron; su evolución es bien distinta.
El origen del Ferrol medieval-actual Ferrol Vello- era una mediana población que vivía mayoritariamente de la pesca de la sardina y pulpo; habiendo  una mínima  dedicada a la agricultura y granja.
Su situación en una privilegiada y protegida Ría-puerto natural con unas condiciones inmejorables para el comercio y la navegación- haría cambiar totalmente el rumbo de su presumible evolución, el rumbo de toda su historia. Esta circunstancia la haría, para bien o para mal, totalmente diferente al resto de  las demás poblaciones.
La decisión del Estado de dedicar Ría y ciudad a la defensa del interés común, no dio solo ventajas y si más de un sacrificio.
Ya en el año 1.603 siendo fondeadero  de la flota,   el Concejo de Ferrol se queja oficialmente ante la Corona por la incautación de carros de labranza y barcos de pesca, además de las levas  para los  trabajos de fortificación y transporte de materiales. Esta situación,  unida a que las tropas alojadas en casas de la villa, en muchos casos requisadas, se dedican sistemáticamente al pillaje, provoca la primera huida de vecinos a núcleos próximos como Cedeira, Ortigueira o Betanzos.
Desde esta época y hasta el comienzo de la construcción de las instalaciones navales, en  1.750, el  que la ciudad solo se utiliza para invernadas, provoca constantes llegadas y ausencias de una importante población flotante que evidentemente no crea raíces. Hablamos de una población de aluvión.
Debido a esta obligatoria y primera “reconversión” en el año 1797 el 63% de la población dependía de los sueldos de la Corona. El desvío de presupuestos  a otros intereses provoca la primera gran crisis de la ciudad que se prolonga prácticamente hasta 1.858 cuando comienza otra época de bonanza impulsada por la política de Isabel II. El Concejo de Ferrol, para paliar la misma, ruega la concesión para el establecimiento de un puerto franco, arribada de correos marítimos y un registro comercial de 500 toneladas que no le es concedido.
Desde el siglo XVI hasta prácticamente el XX, mientras el resto de Galicia crecía de una manera ordenada, como antes comentábamos, en Ferrol se producía un constante ir y venir de gente, que podríamos diferenciar en: levas honradas –aquellos profesionales que eran obligados a venir a trabajar– “vagos y mal entretenidos”, convictos y regimientos de tropas.
Todos cumplían una característica, su llegada era forzosa y en consecuencia su objetivo no era la integración y la formación de una ciudad convencional.
La Administración Pública quebró trece veces, lo que se reflejó directamente, en una ciudad dependiente como la nuestra, en el retraso o cancelación de salarios, provocando   miseria, violencia y lógica frustración. Es fácil pensar que en estas circunstancias el ambiente no estaba para “echar cohetes” y menos para la minoría de los ciudadanos autóctonos.
Esta historia convulsa y distinta,  además de la falta de interés real del Estado en buscar una alternativa,  explica en gran manera las recurrentes crisis hasta llegar a la actual. Que cada uno juzgue y piense si esta ciudad le debe mucho  al Estado o éste le debe mucho más  a ella.

 

Ferrol y sus orígenes