Desprenderse de lo auténtico (y II)

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En ese desprenderse de uno mismo, la cercanía es vital. Para empezar tenemos que sentirnos próximos al prójimo. Bajo esta unidad armónica es como se pueden disfrutar de esos territorios creativos de referencia e interactuar descubriendo un abanico de posibilidades. Ciertamente, es la empatía, el respeto y la consideración hacia el análogo, la escucha entre sí, lo que acrecienta esa fuente natural de inspiración que el orbe requiere. No perdamos el tiempo, que pasa y no vuelve. Seamos fructíferos. No hay mejor forma de salir de una crisis, que la audacia creativa conjunta. Tras la pandemia, indudablemente, vamos a necesitar una conversión integral, con una buena dosis de aliento transformador, lo que nos requiere superar las barreras de nuestras miserias y abrirnos a estilos de vida más integradores y sostenibles. 


Cualquier corazonada, pues, es un místico alumbrar comunicando algo. La acción no debe ser una reacción más, sino una creación singular a ofrecer. No olvidemos, que la formación de una perspectiva de lo creado, siempre es el trabajo de una generación más que de un único ser, pues cada pulso toma su pausa de ese espíritu creativo generacional.


Crear es la misión del genio. Uno siempre puede fabricar versos que te den vida y que te saquen del pozo. Lógicamente, ante un mundo interconectado como el que vivimos, nuestro desvelo por la renovación ha de ser permanente, dándole prioridad al ser humano y basándose en el respeto mutuo. Vuelva a nosotros esa creatividad, que injerta el amor en el alma, que es lo que realmente nos da esperanza de un tiempo mejor, en el que también cada cual podamos ser más humanos, imprimiendo gestos de ternura, que es lo que en verdad nos da la fuerza para proseguir el camino. Pensemos en que la humanidad está llamada a ser ese espíritu creativo, que estimula iniciativas diversas, con la práctica de la justicia y el empeño del pensamiento crítico. De la recesión económica causada por la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, también se sale, con ese arranque mental que todos llevamos inherente. Precisamente, es este motor, el que nos permite reconocernos y ahondar en ese desvelo de lucha en la reconstrucción de un porvenir que ha de buscar una síntesis entre la unidad y la diversidad. Tomemos aire, despojados de todo desaire, y llevémoslo con pasión a buen término.

Desprenderse de lo auténtico (y II)