La cura del alma

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Por suerte, los humanos no sabemos lo que nos va a deparar el futuro. Puede ser que nos falten las estrategias de afrontamiento del mañana. Hoy lo tienes todo, salud, amor, trabajo…y de repente tu camino se puede torcer y entonces mañana tu vida da un súbito cambio. Cambio que puede pasar de tu seguridad, disciplina, esfuerzo, constancia, dinamismo, alegría, vitalidad…a dejarte con tu vida truncada, pasando de tu todo a tu nada..y creedme que es una situación muy difícil contra la que luchar.


De repente estás bien, o lo que te dicen los médicos no tiene importancia y sigues con tu vida. Vas a urgencias y en una semana te sometes a dos operaciones extremas. Allí te quedas casi un mes solita desde el minuto cero hasta que te dan el alta. Sin despedirte, sin sentir el apoyo de tu marido ni los abrazos de tus hijos. Más duro es vivirlo. Y te preguntas si los volverás a ver o todo acabará ahí, en el quirófano.


Por suerte, te despiertan y te dicen que te han intervenido cinco horas, que te han hecho esto y aquello, y tú sin procesar ni entender nada. Por desgracia, a los cinco días hay que volver a abrir, y otra vez los miedos a que tu vida se paralice en ese instante y que entres en la oscuridad de la que no se puede regresar.


Es necesario contar estos antecedentes para poder entender la cura, no sólo física, sino del alma. Veintiseis días sola en una habitación de la cuarta planta del CHUF de Ferrol para recuperarme de las heridas, pero donde también me ayudaron a curar el alma. Me explico. Desde la entrada en urgencias donde me encontré a la enfermera y gran amiga de toda la vida, Bea Hermida, que me cogía de la mano y vio resbalar las primeras lágrimas de miedo y me acompañó hasta la operación. Pasando por las auxiliares Pili, Lucía e Imma, que me dieron fortaleza, consejos, la mano, y me cuidaron con gran amor en esos momentos en los que no eres nadie. Que me animaron a hacer video conferencia con mis chicos porque decían que es mejor una imagen que las palabras. Que me ocultaron todo el cableado y bolsas para disimular la situación. A todas esas maravillosas enfermeras…que iban cambiando de turno y de las que recuerdo su cara tapada con doble mascarilla, pero no recuerdo su nombre, acompañadas con esas jovencitas y guapísimas chicas de prácticas, atentas siempre, con ganas de aprender, que quitaban importancia a todo para que tú no te preocupases, y que cuando podían, se pasaban para saludarme y hacerme reír. A los fantásticos profesionales cirujanos Borja Sainz y Francisco Bahamonde, generaciones nuevas, que te cogían la mano, te miraban a los ojos y se sentaban a tu lado en la cama para suavizar la cosa.


Gracias a la capellana Ana, que me acompañó un montón y me dio paz y serenidad, además de un regalo que llevo siempre conmigo. A la doctora Rocío Vilchez, a mi psicóloga Noelia, y a todo el personal del Centro de Día del Arquitecto Marcide. A mi maravillosa enfermera del ambulatorio de Ferrol, Marga Quintián, que me cuida como a una hija y que está pendiente de mí en cada momento con sus llamadas y preocupación. A la genial Mariajo del PAC de Ferrol, que también siempre está ahí. A mi médico ambulatorio Nacho Berrocoso…que cuando me ve por los pasillos siempre se para conmigo

Todas estas maravillosas personas no sólo me ayudaron y ayudan en la cura física, sino también del alma, haciendo que me sienta persona, no sólo un historial, implicados con el paciente, amorosos, preocupados…por eso no entiendo el cartel que leí el otro día de que un altísimo porcentaje de personal sanitario es maltratado….Se me queda en el tintero el resto de personal que me atendió esporádicamente y a los que también les doy su matrícula de honor….me parecen muy injustas las críticas al sistema de salud pública, por eso desde aquí les vuelvo a dar las gracias por la cura que provocan en mí, que es en resumidas cuentas gasolina para vivir al día, como ahora no puede ser de otro modo.


Y por último en estos momentos en que mis emociones están a flor de piel, no puedo olvidar eso tan maravilloso que se llama amor, que te cura, que recibo de mi familia y de las fantásticas amigas que tengo quienes me acompañan desde el primer instante en esta difícil y larga lucha, escuchando mis días buenos y los tantos malos, que me llaman, me mandan canciones, me guasapean y sobre todo te dicen lo que te quieren, aunque yo ya lo sabía..pero con las que nunca hubo momentos malos…y ahora siguen ahí. A mis compañeros del cole Atios de Valdoviño, que preguntan mucho por mi….sin toda esta gasolina, es difícil llevar el día a día, pero me siento muy afortunada en estos momentos por este regalo de la vida..que me ha protegido con tantos ángeles.


Y por supuesto, gracias a mi Dios que me permite luchar y me da el pan de cada día para salir de este oscuro túnel.

La cura del alma