El prisionero de celda

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La entrada del Sr. Urdangarin en prisión es algo que me conmociona, me conturba, me desasosiega, me encabrona, y por ello me siento más turbado que dios. Dicho esto, la causa es clara: Le dieron a elegir la prisión en la que purgar sus fechorías. Eso prueba que la ley. la justicia, e institución penitenciaria, no es igual para todos. A los independentistas catalanes, presos sin haber sido juzgados, no les dieron a elegir nada; el juez no sé quién los enchiqueró en Estremera, sin tener el detalle de preguntarles su preferencia, y los encerró donde le petó, por sus cojones. ¡Y a tomar por saco; se acabó la historia! Eso quiere decir que debe ser mucho peor querer ser independiente, que ser un estafador sin ánimo de lucro. Claro que, en este caso, se trataba de un español monárquico, con la virtud de ser yerno y cuñado de reyes; y eso pesa un huevo. Y más me turba que esté lejos de compañeros del hampa de baja estofa, porque estimo que eso le ayudaría un huevo a la reinserción. 
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El prisionero de celda