En construcción

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Esta película, con luces y sombras, cuenta la historia de Podemos, lo sitúa frente a muchas de sus contradicciones, pero es un buen reflejo de que, sin ellos, el cambio no será posible. Atentos: digo el cambio… y no añado, si para bien o para mal. Y esta afirmación viene a corroborar el “en tromba contra Podemos” con que abría la primera “El Mundo” hace unos días. También sectores de la prensa entran en esa pelea como cualquier observador imparcial puede apreciar. 
Vamos con las “contradicciones” del partido que lidera Pablo Iglesias: ¿socialdemócratas o comunistas? Solo el diez por ciento de su electorado se “queda” con lo primero mientras un número superior, sabiéndolo o no, apunta al comunismo. El propio Iglesias reconoció hace poco que era comunista con el corazón y socialdemócrata con la cabeza. 
Es, a mi juicio, una declaración ventajista y, al tiempo, un paseo por la realidad. Por un lado, el comunismo, desde finales del siglo pasado, pasó a independizarse de Rusia y sus satélites a través del eurocomunismo. Al tiempo, mientras los socialistas retrocedían varios metros (llegaron a retratarse como centro-izquierda) en el PCE, con Anguita al frente, se registraban como “el socialismo real”. Como dijo un destacado miembro del PSOE de la “añada” del 82, hoy las ideas las marcan las estadísticas. 
Dejemos, pues, las palabras para detenernos en los hechos: la izquierda renovadora, hoy, está en Unidos Podemos. Eso lo saben todos los que quieran leer los programas electorales, oír a sus líderes o repasar sus historiales. Recordar al Aznar que declara que todo el monte es orégano (su ley del suelo), los pelotazos en los gobiernos de González que propiciaron el lodo de la corrupción que enfanga la política actual.
Tenemos otro de los “mantras” de esta campaña: la patria, los territorios, las banderas y toda la parafernalia que nos llega tras la Constitución de Cádiz, donde se dijo que “ya teníamos patria”, hasta el “todo por la patria” de los cuarteles, pasando por una nación de ciudadanos libres, como afirma La Marsellesa, la que pedían los carlistas “Dios, patria, rey” y la España de José Antonio de “patria, pan y justicia”. 
Ahora se habla más de la patria de los ciudadanos, de la gente común… mientras aquellos otros han colocado su patria en paraísos fiscales. Garantizar los derechos mínimos que nuestra Constitución alaba y una reforma fiscal para un reparto más equitativo es cuidar la patria. Y eso está en construcción todavía. Por cierto:165 son más que 131, señor Sánchez.

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