Singularidad y encaje

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Las elecciones catalanas, tanto tiempo en primera línea informativa, saturaron a la gente de política y esa misma gente percibe que quienes gobiernan, volcados en cuestiones puntuales, relegan otros problemas de tanta o más importancia para el conjunto de la sociedad, que también requieren que se reconozca su “singularidad” y se les busque “encaje”, porque de ello depende el futuro del país. 
Uno de esos problemas es la situación educativa y laboral de los jóvenes cuya “radiografía” acaba de mostrar un informe demoledor que presentó la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) la semana pasada. En lo referente a la educación, el informe vuelve a constatar el alto índice de fracaso escolar; el elevado número de chicos que ni estudian un trabajan, los llamados “ninis”; el bajo nivel de las universidades que expiden títulos que no responde  a las necesidades de las empresas… En resumen y sin entrar en más detalles, tenemos un sistema educativo muy deficiente comparado con los países desarrollados.   
La situación laboral de la juventud es humillante e irritante. Desempleo elevadísimo, jóvenes que aceptan trabajos temporales, a tiempo parcial, minijobs de unas horas al día… Es decir, un subempleo en condiciones laborales precarias con salarios devaluados que no les sacan de la pobreza, lo que corroe su autoestima y merma su productividad. Les queda la emigración como salida.  
Una realidad dura a la que los gobiernos y la sociedad en general responden con indiferencia. Es lo que explica que las aulas se ven más como capítulo de gasto y ámbito de “paz social” que como contexto educativo que requiere consenso para mejorar las competencias de escolares y universitarios; y explica también que, tras la reforma laboral, el Gobierno, cuyo objetivo es bajar las cifras de paro, consienta y facilite que las empresas, “más que apostar por nosotros, se están aprovechando para cubrir trabajos sin pagar lo que corresponde”, dice un chico contratado por 15 horas semanales que trabaja 25 y cobra 366 euros mensuales. 
Es mal negocio dejar que el desánimo y la frustración se apoderen de esta generación de jóvenes que, por imperativo biológico, están llamados a ser el recambio político, económico y social de la sociedad. Para el futuro del país es tan importante “reconocer su singularidad” y buscarles un “encaje” educativo y laboral dignos como buscar ese reconocimiento y encaje a los territorios. 

Singularidad y encaje