INVERSIONES

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Es conocido por todos el famoso pesimismo ferrolano con la que la generación de los que ya somos cuarentones, hemos crecido. La destructiva negociación europea del gobierno de Felipe González de mediados de los años ochenta, inició el desmantelamiento de los astilleros y nuestra capacidad industrial. A partir de ahí, la rodada cuesta abajo. Aumento del desempleo, migración de nuestros hermanos, hijos y compañeros, disminución de los ingresos locales, y la pérdida de la condición de tercera ciudad de Galicia. En tiempos del Presidente Aznar, y siendo Ministro de Fomento, el Sr. Álvarez Cascos, se inició la licitación y ejecución del puerto exterior de Ferrol, viniendo posteriormente la licitación y ejecución de la carretera a dicho puerto; y en los últimos tiempos la puesta en servicio del mismo con las nuevas grúas del terminal de contenedores. Han tenido que pasar ocho años de sequía, coincidentes con el gobierno del denostado Zapatero, para que los ferrolanos, ahora sí, podamos celebrar la licitación del proyecto del nuevo tren al puerto exterior. Entiendo que se trata de una noticia de primer orden. En apenas un año de gobierno del Partido Popular en España, y en unos tiempos de conocidos recortes presupuestarios, la ministra ha cumplido con la ciudad. Y tengo que volver a felicitar públicamente al Alcalde, José Manuel Rey, por las gestiones calladas y discretas que ha venido desarrollando con el Ministerio de Fomento durante estos meses. Sin duda Ana Pastor no se ha olvidado de la ciudad en la que estuvo residiendo y trabajando durante varios años; circunstancia sentimental que seguro que ha tenido su peso a la hora de priorizar a Ferrol antes que a otras ciudades de España. Pero no ha sido la única noticia positiva para la comarca; pues hace unos días hemos conocido la adjudicación del saneamiento de la Ría la cual se prevé que esté finalizada a lo largo del año 2014. Hay razones para creer que no se trata de meras promesas incumplidas como las del pasado. No estamos hablando de simples anuncios periodísticos o de la firma de estériles convenios o protocolos de actuación sin vigencia ejecutiva. En ambos casos se trata de licitaciones publicadas en el BOE y en el segundo caso de una adjudicación administrativa firme. Luego, no hay motivo para el pesimismo.

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